18 de octubre de 2013

Anti-hegemonía y Defensa de lo Común en Colombia.
Resistencia Comunitaria y Ciudadanía Constituyente.






Autor: Dario Ghilarducci



Estudiante del doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Los Andes, integrante del Grupo de Investigación Presidencialismo y Participación de la Universidad Nacional de Colombia.

Email: d.ghilarducci10@uniandes.edu.co







Área temática: Participación, representación y actores sociales



Trabajo preparado para su presentación en el VII Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, organizado por la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP).
Bogotá, 25 al 27 de septiembre de 2013.

Resumen

La ponencia ofrece una lectura de las reivindicaciones y luchas de algunos movimientos sociales, étnicos y políticos colombianos en una óptica que pretende superar la clásica categoría de hegemonía gramsciana, observando como existan procesos comunitarios de resistencia civil y ejercicio activo de la ciudadanía que están reconfigurando el campo y los objetivos del juego político hacia la defensa de lo “común”.

En primer lugar se entiende ofrecer una formulación aproximativa del concepto de anti-hegemonía, a partir de las practicas constituyentes de los sujetos políticos aquí considerados, destacando su especificidad y pertinencia teórica relativamente al contexto observado.

A partir de la definición de anti-hegemonía como construcción histórico-social y política se abarcará el tema de lo “común” delimitando su extensión ontológica, como concepto emergente y necesario directamente relacionado a la defensa y reproducción de la vida y destacando por lo tanto su inmanente relevancia política.

En seguida se aplicarán los conceptos elaborados, a casos específicos y en particular a los pueblos indígenas del Cauca[1] y a las comunidades afrodescendientes del Chocó y del Uraba Antioqueño[2], encontrando en sus reivindicaciones y procesos organizativos locales, propuestas políticas de mas amplio alcance generalizables al conjunto del país y cuya relevancia excede las fronteras nacionales y continentales.

El presente trabajo no pretende formular conclusiones determinadas, sino mas bien estimular ulteriores investigaciones que permitan ofrecer a los policy makers nacionales e internacionales, unas miradas hacia las necesidades básicas de la ciudadanía en su conjunto, por una gestión de la cosa pública cada vez mas optimizada, participativa e incluyente.


Introducción

Los procesos de reconfiguración de las relaciones de fuerza y de poder en todo el territorio nacional han permitido el surgimiento y fortalecimiento en Colombia de nuevos actores sociales locales que ejercen un papel político cada vez mas activo y protagónico desafiando las viejas categorías de análisis. La novedad de estos actores no reside en su reciente nacimiento, ya que existen y resisten desde hace siglos, cuanto en la reformulación de sus demandas y la reinterpretación que ellos ofrecen de la acción política.

Resistencias y procesos políticos territorialmente delimitados avanzan reivindicaciones de alcance global, relacionando sus luchas localmente delimitadas a objetivos planetariamente relevantes, a partir de nuevas formas de entender y ejercer el poder. Estos procesos son caracterizados por la falta consciente y voluntaria de estrategias finalizadas a imponer una hegemonía política, que se acompaña paralelamente a una perspectiva ideológica potencialmente universal.

Se impone por lo tanto la necesidad de analizar dichos procesos bajo las lentes de un nuevo paradigma y con nuevas herramientas de trabajo que tomen en cuenta sus características específicas y los cambios en el sentido del que hacer político, respecto a la emergencia de nuevas necesidades y problemas que afectan la población global en su conjunto.

En particular asume una relevancia preponderante la reinterpretación y reinvención de la acción política en defensa del “común”, mas allá de la lucha por el conseguimiento del poder o la sustitución de la élite dominante y se hace imperante la demanda por el establecimiento de formas alternativas de manejo de la cosa pública.

Las realidades colombianas de los pueblos indígenas del Cauca y de las comunidades afrodescendientes del Chocó y del Urabá Antioqueño, ofrecen ejemplos concretos de estas formas de entender y ejercer el poder. A pesar de tener una trayectoria secular y unas historias de luchas y resistencias que empezaron al tiempo de la colonia, estos grupos sociales subalternos han sido capaces de renovar las formas de ejercer el poder, sin perder sus características propias y fortaleciendo en el tiempo sus reivindicaciones políticas locales y particulares, elevándolas a nivel universal y necesario.

El presente escrito se propone formular y definir el concepto de anti-hegemonía, redefinir el concepto de “común” y finalmente aplicar los dos al análisis de los estudios de casos propuestos.
Por lo tanto el trabajo estará dividido en cinco partes: la primera donde se construirá el concepto de anti-hegemonía; la segunda donde se propondrá una nueva definición del concepto de “común”; la tercera que se ocupará de aplicar los paradigmas elaborados al estudio de los procesos de los pueblos indígenas del Cauca; la cuarta donde el mismo ejercicio será extendido a las comunidades afrodescendientes del Chocó y del Urabá Antioqueño; y finalmente la quinta y última parte donde en la conclusión se presentarán algunas reflexiones finales.

Anti-hegemonía

Por anti-hegemonía se entienden una perspectiva y una practica política propia de algunos grupos subalternos que se caracteriza por: 1) la resistencia a una dominación en términos de liberación de la misma, que a la vez construye identidad política activa;[3] 2) la reivindicación de poder en términos de gestión autónoma y autodefensa de cuerpos y espacios necesarios a la vida; 3) la falta de un proyecto dominante y absoluto; 4) la existencia de una perspectiva ideológica dirigente y generalizable. Las primeras dos características definen positivamente el concepto, mientras las últimas dos, marcan diferencias y similitudes relevantes con la categoría de hegemonía gramsciana.
El hecho mismo que existan grupos subalternos implica un poder dominante que ordena, disciplina, construye, estratificación social, política y económica.[4] No todos los grupos subalternos se constituyen en términos de resistencias, por lo tanto cabe mencionar que existen subalternos con identidad adscrita (subalternos “pasivos”) y subalternos con identidad propia (“subalternos activos”).

En el presente estudio serán tomados en consideración los subalternos activos que construyen su identidad a partir y adentro de procesos de resistencia y lucha de liberación contra la dominación. La construcción o reconstrucción identitaria de los subalternos activos pasa a través de varias fases sucesivas: a) la recuperación de la memoria histórica; b) la lucha contra el olvido que se concretiza en el estudio y análisis de las causas que han determinado las condiciones de subalternidad y la resignificación simbólica de las mismas; c) la formulación de planes de vida y estrategias de resistencia colectiva.

Formular planes de vida y estrategias de resistencia civil colectiva en contextos de conflictos armados implica encontrar formas que permitan garantizar condiciones mínimas de seguridad. Cualquier proceso de autorganización orientado a perseguir dichos objetivos es en sí mismo un proceso de reapropiación y ejercicio del poder. Es apropiado operar una distinción entre procesos directos e indirectos, donde los primeros son determinantes de los segundos. Por directos se entienden los hecho concretos y primordiales de resistencia (reagrupaciones, movilizaciones, ocupaciones o recuperaciones de tierras, etc.) y por indirectos las sucesivas negociaciones con el poder dominante y con otras entidades que puedan ejercer presión frente al mismo.

Los objetivos comunes  de ambas acciones políticas son la autoprotección física de los actores y la recuperación de porciones de soberanía[5] sobre el territorio. Se definen por lo tanto como proyectos y acciones circunscritos a espacios delimitados, tales como los cuerpos de los individuos y las tierras necesarias para garantizar condiciones dignas de existencia.

La tajante delimitación espacial de los proyectos anti-hegemonicos marca una diferencia substancial respecto a los proyectos hegemonicos de tradición gramsciana (y sucesiva) que construyen y proyectan estrategias de alcance general finalizados al conseguimiento del poder y al derrocamiento del dominante. Si un proyecto político quiere tener un alcance hegemónico en términos gramscianos, construirá estrategias que le permitan llegar a la toma del poder, sustituyendo – por lo menos en un primer momento – la élite dominante con un nueva élite.

Los proyectos anti-hegemónicos no aspiran a tomarse el poder, sino mas bien a concretizar condiciones de autodeterminación, autorganización y más en general de gestión autónoma del poder, donde liberarse no implica establecer otra forma de dominación. En estos términos son proyectos democráticos en el sentido mas absoluto del término, que nacen y se desarrollan en situaciones de fuertes limitaciones de las libertades civiles y de las reglas del juego poliárquico, determinadas por  las condiciones de excepcionalidad que caracterizan los escenarios de todo conflicto armado. En otras palabras, son experimentos constituyentes delimitados de democracia participativa en condiciones de ausencia, suspensión o fuerte limitación de las garantías democráticas. En últimas el objetivo no es la ocupación del poder y de posiciones de poder, sino su ejercicio local y limitado.

Lo que diferencia un proyecto anti-hegemónico de uno “territorialista” o secesionista construido sobre reivindicaciones políticas relacionadas a cuestiones de carácter cultural, lingüístico, irredentista, étnico o racial, es la existencia de una perspectiva ideológica “dirigente” en términos gramscianos y, por lo tanto, generalizable y extensible a otros grupos sociales, mucho mas allá de las fronteras del territorio en cuestión.

La acción política ya no se define o no se define solo en términos de determinar o controlar otros sujetos de forma persuasiva o coercitiva, sino como defensa de los recursos necesarios a la producción y reproducción de la vida de todas y todos.  Las reivindicaciones y luchas territoriales adquieren un valor general cuando están relacionadas con la defensa de lo “común”. Las prácticas anti-hegemónicas en defensa de lo común, no son acciones anti-políticas, todo lo contrario, por que permiten la existencia de la vida, de las relaciones sociales y por lo tanto de la política como interacción entre seres humanos. En este sentido son la mas alta expresión de acción política activa imaginable, tanto en términos realistas que idealistas.[6]

Común

Común es lo que es necesario para la existencia y reproducción de la vida humana en el sentido mas clásico del concepto, o sea lo que es y no puede ser de otra forma, contrario exacto de lo contingente. Todo lo que es necesariamente compartido por parte de los seres humanos (y en casi su totalidad de muchas otras formas de vida), constituye lo común. Entrando en el detalle, comunes son las que pueden ser definidas como las fuentes de la vida, en el orden: aire, agua, tierra (como fuente directa y primaria de la comida), a las cuales se les añade en segunda instancia y como producto derivado, el conocimiento, que puede ser simbolizado en términos arquetipos con el fuego.

Por lo tanto, a pesar de la construcción política relativamente reciente del concepto de común, la aparición de sus elementos materiales constitutivos esenciales es contemporánea a la aparición de la vida sobre el planeta. Entonces parecen exageradamente forzadas las interpretaciones que quieren determinar la esencia del común como resultado de un proceso productivo del intercambio cognitivo o del “general intellect”; según el análisis propuesto, las primeras tres – de un total de cuatro y la última se considera solo como consecuente a las otras – componentes  materiales del concepto, son inclusive preexistentes a la vida humana.

Aquí el común se define en términos de componentes o fuentes compartidas y necesarias por la vida y su reproducción, así como precedentemente expuesto, tenga la ventaja de reducir el campo de análisis a unos objetos bien determinados y concretos, que de esa manera pueden ser materia de construcción e implementación de políticas generalizadas en su defensa y reproducción. Considerar el común como producto cognitivo del trabajo intelectual o como generalización de condiciones impuestas por el sistema de producción global, desvía el análisis de la búsqueda de elementos concretos sobre los cuales apoyar la construcción, la elaboración y la implementación de políticas que permitan la defensa de lo que es absolutamente necesario a la vida humana y por lo tanto generalizable a todos los habitantes planetarios.

Dicho de otra forma, pretender derivar el común de relaciones de producción y de poder, implica quitarle su esencia colectiva innata y utilizar instrumentalmente el concepto como un arma discursiva, un elemento de polémica, que favorece y alimenta conflictos en vez de fortalecer la búsqueda de soluciones compartidas colectiva y globalmente, o sea realmente “comunes”. El común ya no sería común, sino más bien “particular” al volverse su búsqueda un simple objetivo coyuntural, útil para justificar una acción de carácter hegemonico finalizada a la toma del poder. Si se entiende como común, todo lo que está relacionado a la circulación e intercambio de saberes, el campo abarcado no tiene ningún límite definible y por lo tanto su carácter absolutizante impide encontrar un consenso sobre su composición ontológica.

Volviendo a la definición primaria, se puede afirmar que por lo tanto defender el común implica defender el aire, el agua y el territorio como fuente principal de producción y acceso a la comida. La acción contraria por lo tanto pone a riesgo la vida misma. La progresiva degeneración de las condiciones del medio ambiente a nivel planetario, pusieron ya desde hace décadas el interrogante sobre la necesidad de delimitar los límites del crecimiento económico respecto a los recursos globalmente disponibles.

Dichas preocupaciones que han ido creciendo con los años paralelamente al nivel de contaminación, definen otro aspecto de lo común, que implica a la vez su negación implícita: el riesgo compartido de extinción. En este sentido las demandas, luchas y resistencias de los sujetos considerados en este trabajo, adquieren un contenido programático de carácter universal, por que a pesar de estar fuertemente relacionadas a espacios físicos delimitados (sus cuerpos y territorios de pertenencia) asumen una carga simbólica enormemente más relevante.  (revisar el sentido de esta parte que te marco en rojo)

Las reivindicaciones de estos pueblos y comunidades se estructuran no solo como defensa de lo necesario por su propia existencia, sino por la defensa de la existencia de los demás en dos sentidos: 1) cuestionan en la practica constituyente cotidiana de sus resistencias un modelo de desarrollo basado en la explotación incondicionada de los recursos naturales; 2) están directamente asentados en territorios extremadamente relevantes por su riqueza en términos de biodiversidad. Las acciones cotidianas de resistencia civil que construyen y definen juntas con su acumulado simbólico[7] la relevancia de la identidad política de las comunidades en los procesos aquí considerados, constituyen formas de practica teórica en constante desarrollo, que desde lo particular abordan problemas generales, pidiendo respuestas y soluciones concretas directamente a los centros neurálgicos dominantes de elaboración e implementación  política.

Al mismo tiempo su relación simbiótica con los territorios donde viven, implica la defensa de los mismos, en el respecto de los equilibrios naturales, que los eleva automáticamente al papel de guardianes de ecosistemas frágiles y preciosos. En este sentido la defensa y autodefensa de estas comunidades y grupos y de sus procesos organizativos – que implica a la vez la defensa de los territorios donde están asentados – se configura como un servicio público globalizado, o sea un servicio común.

Esas consideraciones redefinen la subaltenidad de estos grupos como protagonistas activos de procesos políticos mucho mas extensos de la defensa de intereses particulares y particularistas, superando también las visiones estructuralistas, donde la acción de todo grupo social adentro de un sistema se resume en la formulación de peticiones y demandas al poder dominante, para satisfacer necedades circunstanciadas. Las demandas de estos grupos subalternos, abarcando el espacio de la defensa del común, permiten la existencia misma y la reproducción de los sistemas (sociales, políticos, económicos), ya que sencillamente, defienden elementos materiales preexistentes a cualquier sistema.

Los Pueblos Indígenas del Cauca[8]

“De ser legítimos poseedores y protectores de estos territorios, pasamos a ser esclavos y extraños en nuestra propia casa, sin derecho al usufructo amplio y suficiente de los beneficios que produce la madre tierra. Hoy enfrentamos necesidades cada día más agobiantes, que nos obligan a aumentar la presión sobre sitios estratégicos de conservación para el sostenimiento natural del agua y la producción de oxígeno. Cualquier grupo social en constante crecimiento, demanda cada día más tierras aptas que suplan el derecho irrenunciable a la alimentación”.[9]

“Por eso vamos a seguir recuperando las tierras. Por eso vamos a dejarla en libertad para convivir en ella y para defender la vida. Por eso, luchar por la tierra no es un problema ni un deber solamente de los indígenas, sino un mandato ancestral de todos los pueblos, de todos los hombres y mujeres que defienden la vida”.[10]

El proceso organizativo contemporáneo de los indígenas del Cauca tiene sus raíces en quinientos años de resistencia a la dominación, al despojo y a la explotación de sus territorios por parte de los colonizadores europeos antes, de los colonos internos y del surgimiento y presencia de grupos armados después. Dada la economía del presente trabajo y su objetivo de indicar posibles alternativas a la formulación de políticas públicas en defensa del común en la contemporaneidad, el estudio se limitará casi solo a la observación de acciones y eventos sucesivo a la implementación de la Constitución Política de 1991.

Todavía cabe mencionar – aun este argumento no sea de ninguna forma objeto de la presente ponencia – que las formas de resistencias de esos grupos subalternos ha pasado en la historia reciente del siglo anterior por diferentes etapas, entre ellas también la lucha armada, con la formación de las autodefensas indígenas[11] antes y de la guerrilla del Quintín Lame después. Los movimientos armados se han desmovilizado negociando con el Estado y de este momento en adelante las organizaciones indígenas han seguido sus resistencias y luchas sin volver a recorrer a las armas.

De la misma forma el origen de una de las acciones directas mas relevantes en estos procesos de resistencia, o sea las recuperaciones y  ocupaciones de tierras,[12] empezaron como estrategia colectiva y estructurada ya en la mitad de los años ochentas, o sea antes de la Constitución Política de 1991 y mientras paralelamente se adelantaban acciones armadas. La fundación misma del CRIC resale a la década de los setentas cuando “el 24 de febrero de 1971, en Toribío, siete Cabildos e igual número de resguardos indígenas crean el Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, nombrando el primer Comité Ejecutivo”[13]. Pero será sobre todo con la participación a la Asamblea Constituyente y con los procesos políticos empezados a comienzos de los años noventas, que los procesos de los pueblos indígenas del Cauca, empiezan a adquirir una relevancia nacional e internacional.

Dos indígenas caucanos y uno del Departamento del Chocó fueron miembros de la Constituyente, participando en la Comisión Primera y Segunda, respectivamente encargadas del Preámbulo y Principios Generales y del Reordenamiento Territorial. Las reivindicaciones indígenas representadas por los tres participantes en la Constituyente y respaldadas por parte de todas las etnias y pueblos originarios del país, lograron consignar a la carta fundamental los principios relacionados a la territorialidad (constitución y reconocimiento jurídico de los resguardos), a la jurisdicción indígena, a las lenguas originarias, a la educación propia, a las transferencia de recursos nacionales para territorios indígenas y a la participación política.

A pesar de estos reconocimientos en la nueva Constitución, los tres representantes (así como todos los pueblos indígenas del país) tenían bien claro y afirmaron que: “A la Constitución y a las leyes hay que darles vida, y solo se les dará vida, luchando permanentemente por el cumplimento efectivo de los derechos en ellos consagrados”[14]. Desde la Constitución Política de 1991 en adelante, la estrategia del proceso de resistencia de los pueblos indígenas se ha configurado en la alternancia entre acciones directas e indirectas: no han faltado y se siguen repitiendo las ocupaciones y recuperaciones de tierras, así como sigue permanentemente la contratación y negociación con el Estado Colombiano.

La construcción de la identidad política activa adentro de procesos de resistencia se ha concretizado en un programa resumido actualmente en 10 puntos: “1) Recuperar la tierra de los resguardos y realizar la defensa del territorio ancestral y de los espacios de vida de las comunidades indígenas; 2) Ampliar los resguardos; 3) Fortalecer los cabildos Indígenas; 4) No pagar terraje; 5) Hacer conocer las leyes sobre indígenas y exigir su justa aplicación; 6) Defender la Historia, la lengua y las costumbres indígenas; 7.) Formar profesores indígenas; 8) Fortalecer las empresas económicas y comunitarias; 9) Recuperar, Defender, Proteger los espacios de vida en armonía y equilibrio con la Madre Tierra; 10) Defensa de la Familia”[15].

El Programa de Lucha del CRIC evidencia claramente su contenido anti-hegemónico en defensa de lo común. En ningún lugar se expresa la voluntad de desestabilizar o derrocar el poder dominante y las instituciones del Estado, pero al mismo tiempo se establece una estrategia de acción política que implica el fortalecimiento de todas aquellas estructuras comunitarias que permitan desarrollar y fortalecer proyectos autónomos de gestión y defensa propia del territorio.[16] Los primeros dos puntos pertenecen a la plataforma originaria del CRIC desde su fundación, mientras que los otros puntos “se adecuan a las nuevas situaciones de la lucha indígena”[17]. Entre todos los puntos “nuevos” adquiere fundamental importancia el nono: “Recuperar, Defender, Proteger los espacios de vida en armonía y equilibrio con la Madre Tierra”, que al tiempo resume y reconstruye el significado de todos los otros a la luz de la defensa de lo común y eleva la plataforma de resistencia desde un nivel meramente territorial al escenario global. Es propiamente aquí donde se encuentra el potencial de extensión del proyecto anti-hegemónico mucho más allá de las fronteras de los resguardos indígenas y de Colombia.

“Históricamente el Programa Político ha trabajado la importancia de la recuperación del saber ancestral, y el valor que representa la sabiduría de los mayores, a los cuales se les compara con libros que tiene la comunidad para consulta permanente”. La sabiduría de los mayores ha permitido – entre otras cosas – construir propuestas políticas por la comunidad internacional, formuladas como alternativas o complemento de los Objetivos del Milenio de las Naciones, frente su posible replanteamiento en el año 2015. Las propuestas abarcan los temas de tierras, ambiente, familia y gobernabilidad y contemplan entre otras cosas el “respecto a los derechos de la Madre Naturaleza”[18], como estategia de sustentación y defensa de lo común.

Las comunidades afrodescendientes del Chocó y del Urabá Antioqueño[19]

“Somos de aquí. Somos la humanidad. Somos la Dignidad. Somos palabras. Estamos recreando el mundo. Estamos afirmando nuestros derechos en la guerra. Somos de aquí como ustedes. Somos de aquí y hemos asumido nuestra responsabilidad. Somos de aquí. Ustedes y nosotros, somos resistencia. El mundo no es lo que se ha hecho. Estamos construyendo otra oportunidad. Una sociedad diferente de paz con dignidad. Ahí está nuestra memoria”.[20]

“Nosotros no podemos ser egoístas con el resto del mundo. No podemos ser egoístas con esa tierra. Sabemos que las ciudades necesitan la madera. Sí, si hay que hacer algunos aprovechamientos para que llegue a otras partes que no hay, se hacen. Pero que sea razonable porque toda la vida se va a necesitar. Y si por llenarnos los bolsillos de plata la vamos a destruir toda en un día, mañana no hay nada para distribuir a los otras partes. ¿Y el agua? Los ríos se sostienen gracias a los nacimientos, a los bosques que están allá en la selva. Eso es lo que nos da el agua. Dicen que la próxima guerra va ser por agua. ¡Por agua! Entonces nosotros decimos: “Bueno, y si la próxima guerra va ser por agua, posiblemente acá en el Chocó vamos a ser solidarios con la otra parte que se quede sin agua”.[21]

A diferencia de los indígenas caucanos, los procesos anti-hegemonicos de las comunidades chocoanas, integradas en su mayoría por afrodescendientes – esclavos huidos de las encomiendas durante la época colonial y en seguida asentados en las selvas pluviales del norte de Colombia donde han vivido pacíficamente por siglos al lado de los indígenas de la zona – que se han constituido en comunidades en resistencia tienen sus raíces en su condición de víctimas de una de las más grandes operaciones de desplazamiento de la historia de Colombia.

La “Operación Génesis” fue implementada militarmente por parte de la Brigada XXVII del ejercito colombiano conjuntamente con formaciones paramilitares de las ACCU[22] y AUC[23], en el mes de febrero del año 1997. La operación fue presentada a la opinión pública nacional e internacional como una acción contrainsurgente contra un frente de la guerrilla de las FARC[24], pero las investigaciones demostraron que no hubo ningún enfrentamiento entre el grupo insurgente, los paramilitares y el ejercito colombiano. Miles de campesinos se desplazaron de sus tierras hacia otros pueblos de la zona y ciudades colombianas[25], hacia Panamá y en particular hacia la ciudad de Turbo en el golfo de Urabá.

Los desplazados de Turbo permanecieron cuatro años en el Coliseo de la ciudad en condiciones infrahumanas; cuatros años durante los cuales empezaron un profundo trabajo de reconstrucción de su propia memoria histórica acompañados y asesorados por parte de investigadores internacionales y sobre todo colombianos.[26] La reconstrucción histórica permitió a las comunidades tomar conciencia de su condición y de las razones del desplazamiento; entraron en contacto con desplazados de otras regiones del país y de esa forma develaron la estrategia oculta detrás de la Operación Génesis de la cual fueron víctimas. La resistencia civil de estas comunidades ha logrado obligar el estado colombiano a reconocer oficialmente la existencia del desplazamiento interno en Colombia marcando un avance fundamental en la historia de las luchas sociales en el país.

Pero el logro más grande fue la decisión de volver a sus territorios de forma integralmente autónoma y rechazando al tiempo las ofertas del gobierno colombiano de un retorno con garantías de seguridad bajo la aceptación de una “neutralidad activa”[27]. Desde el año 2000 las comunidades desarrollan un proceso constituyente de “resistencia civil popular alternativa”[28], basado en sus propios principios comunitarios y como población civil activa adentro de una situación guerra. Las primeras comunidades fueron las del Río Cacarica que se constituyeron en CAVIDA (Comunidades de Vida, Autodeterminación y Dignidad del Río Cacarica), seguidas el año siguiente por las comunidades del Río Jiguamiandó y luego por las del Río Curvaradó en las zonas del bajo Atrato en el Departamento del Chocó y en el Urabá Antioqueño.

Las comunidades en resistencia afro-descendientes han ido construyendo su identidad política activa a lo largo de varias etapas: primero durante el desplazamiento (sobre todo en el coliseo de Turbo) a través del encuentro con organizaciones y redes de apoyo nacionales e internacionales; secundariamente volviendo a rencontrarse con otros miembros desplazados de las comunidades ubicados en otras zonas del país; finalmente con el retorno a sus tierras. Esas etapas maduradas en el éxodo, han definido un proyecto de vida guiado por criterios de convivencia colectiva y recuperando los conocimientos de los patriarcas de la comunidad y sin nunca perder el horizonte de la necesidad de respetar y cuidar el medio ambiente.

Después de la acción primaria de recuperación y retorno a sus tierras, las comunidades han adelantado estrategias directas e indirectas de autodefensa como población civil en el conflicto armado. Entre las directas, la delimitación de los asentamientos con la “malla de vida”, con el fin de demarcar el espacio vital de las comunidades donde no se permite la entrada y permanencia de ninguno de los actores armados del conflicto; y el corte de varias hectáreas de palma aceitera sembrada ilegalmente en los territorios comunitarios, permitiendo de volver a la siembra de productos necesarios a la supervivencia y menos empobrecedores del suelo[29]. La “malla de vida” además de adquirir un fuerte valor simbólico y aglutinante, ha sido utilizada de forma indirecta para acudir al derecho internacional humanitario y pedir el reconocimiento de los territorios a su interior como “zonas humanitarias”[30].

Así como en el caso de los pueblos indígenas del Cauca, las comunidades afrodescendientes en resistencia no tienen ningún proyecto de dominación, pero son portadoras de mensajes y acciones concretas de defensa de lo común, en el respeto y cuidado diario de una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta.

Conclusiones

Tanto los pueblos indígenas del Cauca como las Comunidades en Resistencia el Chocó y del Urabá Antioqueño son ejemplos paradigmáticos de procesos anti-hegemónicos en defensa de lo común, así como de ciudadanía activa y constituyente. Sus reivindicaciones, luchas y resistencias han impulsado el nacimiento de procesos similares en otras zonas del país y han participado activamente al fortalecimiento de la democracia en el más amplio sentido del termino. El legado de esos procesos trasciende los límites y fronteras de sus respectivos territorios, de Colombia y de toda América Latina.

El continente en su conjunto es la zona con mas riqueza de biodiversidad en el globo y una explotación excesiva de sus recursos naturales podría tener consecuencias destructivas para todo el resto del planeta. Por lo tanto los pueblos y comunidades que han desarrollado a lo largo de los siglos una relación de respecto y convivencia con el medio ambiente, deberían ser considerados como funcionarios públicos de lo común en su cotidiano trabajo para mantener el frágil equilibrio del ecosistema en la relación desde hace siempre conflictiva entre ser humano y naturaleza.

Todos y cada uno de los integrantes de dichos pueblos y comunidades son de facto los primeros ciudadanos globales gracias a su asunción de responsabilidad en la preservación y reproducción de la vida y en su compromiso y acción diarios, asumiendo todos los deberes y sufriendo como contrapartida la violación de sus derechos fundamentales. Ellos son la máxima expresión de ciudadanía viva y activa, que a pesar de las reducciones de las libertades y derechos impuestas con la excepcionalidad provocada por el conflicto armado, han sido capaces de reconstruir identidades, planes de vida y proyectos de largo plazo, cuya materialización implica la supervivencia de la especie humana en su conjunto.

Recientes y cada vez más preocupantes acontecimientos obligan a no olvidar que la falta, la escasez – y en algunos casos la simple percepción de posible futura escasez – de los elementos constitutivos del común, produce condiciones de inestabilidad, inseguridad y creciente peligro para todas y todos.
No parece demasiado atrevido sustentar que los retos futuros de la acción política y por lo tanto del ejercicio del poder están íntimamente relacionados con el respecto del medio ambiente, pena una condición de creciente riesgo generalizado por la prosecución de la vida humana.

Por lo tanto aparece cada vez mas necesario que los policy makers adopten las reivindicaciones que surgen de las prácticas de los procesos anti-hegemónicos en defensa del común y sean capaces de redeclinarlas en términos de políticas globales, consensualmente compartidas, en tanto en cuanto comúnmente necesarias.

Consideradas estás premisas, es fundamental reconsiderar los objetivos y las estrategias del juego político tanto a nivel local como global incluyendo las peticiones y demandas de todos aquellos procesos sociales que en demasiadas ocasiones han sido considerados como obstáculos al desarrollo y se están mas bien revelando como poseedores de sabidurías y conocimientos antiguos que proyectan una luz de largo plazo que ilumina el futuro de la vida humana en el planeta.

Restan abiertas varias preguntas de investigación y análisis, como cuales deberían ser los instrumentos mas adecuados y las mejores formas de organización para despertar el interés y establecer un dialogo constructivo con los policy makers nacionales e internacionales. O a través de cuales mecanismos sea posible generar mas inclusión en los procesos decisionales que desde arriba – y en muchos casos desde lejos – afectan los territorios y las comunidades y por lo tanto el entero planeta. Más aún, si tenga sentido apostarle a las instituciones del Estado Nacional o no sea mas estratégico y conveniente empezar desde ya a buscar otras dimensiones de construcción política con procesos similares, sean ellos contiguos o distantes.

Pero, sobre todo, queda abierta la pregunta fundamental que está directamente relacionada al que hacer futuro en el caso que una vez mas el poder dominante se muestre tan ciego de no ser capaz de reconocer que sin defensa de lo común, se pone a riesgo la existencia misma de la vida. ¿Hasta cuando los proyectos anti-hegemónicos podrán resistir? Si la anti-hegemonía no sobrevivirá a la prueba de la historia, ¿que alternativas quedarán? ¿Y sobre quienes recaerá la responsabilidad política e histórica de posibles nefastas alternativas a los procesos anti-hegemónicos?

Estos y muchos otros interrogantes no resueltos ofrecen innumerables estímulos y futuras pistas de investigación en el compromiso de añadir nuevas piezas al conocimiento que puedan aportar a la construcción de sociedades cada vez mas incluyentes y abiertas en el respecto del equilibrio de la naturaleza, fuente primaria e insustituible de lo común y por lo tanto de la vida.

PROCESOS ANTI-HEGEMÓNICOS


Pueblos Indígenas del Cauca
Comunidades Afrodescendientes
Chocó y Urabá Antioqueño
Resistencia a una dominación
Resistencia frente al Estado Colombiano y a las presiones de los actores armados.
Resistencia frente al Estado Colombiano y a las presiones de las fuerzas armadas y de las estructuras paramilitares.
Reivindicación de poder en términos de gestión autónoma y autodefensa de cuerpos y territorios (acciones directas e indirectas)
Acciones de “liberación de la Madre Tierra”.
Constitución de la guardia indígena.
Fortalecer los cabildos Indígenas.
No pagar terraje.
Defender la Historia, la lengua y las costumbres indígenas.
Formar profesores indígenas.
Fortalecer las empresas económicas y comunitarias.
Defensa de la Familia.
Retorno y recuperación de los territorios.
Corte de palma aceitera.
“Malla de vida”.
Constitución en zonas humanitarias.
Falta de un proyecto dominante y absoluto
Reivindicación de autonomía local.
Trabajo de negociación y cabildeo con el Gobierno Colombiano en óptica constructiva y colaborativa (ejemplo: Asamblea Constituyente).
Reivindicación de autonomía local.

Existencia de una perspectiva ideológica dirigente y generalizable
“Recuperar, Defender, Proteger los espacios de vida en armonía y equilibrio con la Madre Tierra”.
Propuestas del CRIC para el replanteamiento del Objetivos del Milenio de las Naciones, en el año 2015.
Defensa y cuidado del territorio y del agua.





BIBLIOGRAFÍA

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[1]     La elección de estos pueblos y no de otros es debida a los fuertes procesos de organización que los acompaña desde hace décadas y que ha permitido – entre otras cosas – que dos de los tres miembros de la Asamblea Constituyente que dio vida a la Constitución Política de 1991 pertenecieran a las etnias del Departamento del Cauca.
[2]     En este caso, y como será explicado en seguida, estas comunidades han sido de suma importancia, tanto por haber “forzado” el reconocimiento por parte del Gobierno Nacional de la existencia del fenómeno del desplazamiento interno, como por haber sido entre las primeras “comunidades del retorno”, volviendo a asentarse en sus lugares de origen después de ser desplazadas.
[3]     Los procesos de resistencia considerados en este escrito tienen que ver solo y exclusivamente con resistencias civiles, excluyendo las luchas armadas del campo de investigación.
[4]     Por evidentes razones de espacio y temáticas, no se analizará la estructura del poder dominante, asumiendo simplemente que exista.
[5]     Se prefiere el concepto de soberanía al concepto de propriedad, sobre todo por razones directamente relacionadas al contexto colombiano considerado y que serán expuestas mas adelante en el presente trabajo.
[6]     Por realista aquí se entiende la escuela de pensamiento que relaciona la política al ejercicio del poder y por idealista la que entiende la política como la optima gestión de la cosa pública. La división entre las dos visiones no implica necesariamente una dicotomía irresoluble.
[7]     Por acumulado simbólico se entiende, tanto las cosmovisiones ancestrales, como las nuevas identidades que ser fortalecen adentro de los procesos mismos. En otras palabras todo lo “inmaterial” que está relacionado a la construcción de identidad.
[8]     En particular se hace aquí referencia a los pueblos organizados alrededor del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC.
[9]     Yafué g., Wayna Chicangana I y Vidal M., ¿PORQUÉ LUCHAMOS POR LA TIERRA?, Documento trabajado por los proyectos ODMs (convenio CRIC – PNUD y Tierras- convenio CRIC- INCODER – OIM). Disponible en red, http://www.cric-colombia.org/PDF/Articulo_Re_Porqueluchamosporlatierra_RTF.pdf , recuperado 15 de agosto 2013.
[10]   Comunidades Indígenas del Cauca, Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN, Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, Libertad para la Madre Tierra, Septiembre de 2005. Disponible en red: http://www.nasaacin.org/libertar-para-la-madre-tierra, recuperado 15 de agosto 2013.
[11]   Las autodefensas indígenas no tienen nada que ver con los grupos paramilitares que se denombraron también autodefensas usurpando el originario significado histórico y político del término.
[12]   Los pueblos indígenas las suelen llamar “acciones de liberación de la Madre Tierra”.
[13]   “Origen del CRIC”, fuente sitio internet del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, http://www.cric-colombia.org/portal/estructura-organizativa/origen-del-cric/, recuperado 15 de agosto de 2013.
[14]   En ONIC, “Cartilla Constituyente para comunidades indígenas. Serie: Capacitación Jurídica no. 1, Bogotá, 1995, pp. 9-10.
[15]   CRIC, Plataforma de Lucha, en el sitio del Congreso Regional Indígena del Cauca – CRIC, http://www.cric-colombia.org/portal/estructura-organizativa/plataforma-de-lucha/, recuperado 15 de agosto 2013.
[16]   Es importante señalar que en los resguardos indígenas del Cauca no se permite la entrada a ninguno de los actores armados y que existe un sistema de defensa y seguridad propio, cuya máxima expresión organizativa es la Guardia Indígena.
[17]   Ibídem.
[18]   CRIC, Propuesta del CRIC frente a los Objetivos del Milenio, en el sitio internet del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, http://www.cric-colombia.org/portal/propuesta-del-cric-frente-a-los-objetivos-del-milenio/, recuperado el 15 de agosto 2013.
[19]   En particular se consideran aquí las “comunidades en resistencia”: Comunidades de Vida, Autodeterminación y Dignidad del Río Cacarica CAVIDA, del Jiguamiandó y del Curvaradó.
[20]   CAVIDA, Somos tierra de esta tierra. Memorias de una resistencia civil, Bogotá, 2002, pp. 17.
[21]   Ibídem, pp. 70.
[22]   Autodefensas Campesinas de Cordoba y Urabá.
[23]   Autodefensas Unidas de Colombia.
[24]   Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
[25]   Unas de las metas de los desplazados fueron Bocas del Atrato, Riosucio, Barranquilla, Cartagena, Medellín, Bogotá. Ver el mapa contenido en el texto de CAVIDA, Somos tierra de esta tierra. Memorias de una resistencia civil, Bogotá, 2002.
[26]   Cave mencionar el compromiso integral e incansable de la Comisión Intereclesial Justicia y Paz , que ha acompañado el proceso de las comunidades desde los primeros meses de su desplazamiento en Turbo y el acompañamiento de los voluntarios internacionales de la organización Peace Brigades International – PBI.
[27]   La “neutralidad activa” planteada por el  gobierno colombiano implica un paradigma de progresiva militarización de la población civil en lugares de conflicto armado. Se le garantiza la seguridad a los civiles si ellos aceptan de involucrarse en programas del gobierno como informantes y colaboradores de las fuerzas armadas y de la policía nacional. Aceptar semejantes condiciones equivale automáticamente  en volverse objetivo militar por las guerrillas, situación que produce un mayor involucramiento de la población civil en el conflicto armado.
[28]   CAVIDA, Somos tierra de esta tierra. Memorias de una resistencia civil, Bogotá, 2002, pp. 15.
[29]   La palma aceitera o palma africana es un cultivo que empobrece fuertemente el subsuelo y el territorio.
[30]   Las zonas humanitarias son zonas constituidas por la población civil en lugares de conflicto y caen bajo una precisa reglamentación del derecho internacional humanitario que prohíbe el acceso en estas áreas a cualquier actor armado.

6 de octubre de 2013


LOS INTRÍGULIS DE LA PAZ ASIMÉTRICA

Miguel Angel Herrera  Zgaib
Grupo Presidencialismo y participación

 “La sangrante palabra, enemigo, toca puertas.” Verso del poeta veenzolano Eugenio Montejo, 1938-2008.

Haciendo historia

“Sin paz no hay nada.” José Eusebio Caro, fundador del partido Conservador de Colombia.

                                                     En la noche de la semana que termina, el ex parlamentario y constituyente, Álvaro Leyva, hijo de Jorge, un presidenciable díscolo al arranque del Frente Nacional, fue entrevistado por el periodista Hassan Nassar, un neocon, quien consiguió que su correligionario hiciera ciertas confesiones que recuerdan o descubren episodios poco divulgados del accidentado periplo del actual presidente en la encrucijada dos pasiones: repetir en el cargo  ejecutivo, y/o darle peso específico a la paz con las Farc-ep sin más.

Leyva insistió que antes de viajar a darle consejos a las Farc-ep actuales, lo hizo con Raúl Reyes, y mucho antes con Jacobo Arenas.  Y con cierta displicencia oligárquica, recordó su experticia en estas materias, para recordar como contribuyó a hacer la paz con el Epl, con el Quintín Lame, y ni modo, dijo, que su semblante pudieran identificarlo como militante de aquella guerrilla indígena, como sí lo intenta hace un buen tiempo hacerlo parte de los clandestinos soportes o auxiliares de las Farc.

Álvaro está a la espera, para empezar, que Juan Manuel le pase al teléfono, en reciprocidad por aquella vez en que él le prestó el suyo para hablar con Raúl Reyes, cuando Juanma, “una persona muy especial” anduvo de “conspiretas”. Pues con la presencia de Leyva, en dos oportunidades conversó en vida del “rematado” Reyes, a quien contribuyó a cazar en la zona selvática de Angostura, Ecuador. Es lo que Leyva contó al periodista Nassar, en su programa 360, de la cadena Cable Noticias, cuyos dueños son venezolanos en el “exilio”.

También estuvo el presidente conversando con Carlos Castaño, teniendo como anfitrión a Víctor Carranza, muerto este año, sin ninguna causa que prosperara en su contra, y acompañado también por Leyva, que después de estas “non gratas” coincidencias parecen dos hermanos de la misma estirpe del Frente nacional, dispuestos a ganarse la lotería de la paz por su inteligencia, su astucia, y su falta de escrúpulos.

Como resultado de estos encuentros, Juanma iba a ser objeto de incriminaciones de carácter penal, por andarse juntando con delincuentes, y de nuevo, Álvaro, su hermano gemelo, apostado en la orilla azul, prestó sus buenos oficios intercediendo ante el magistrado Arboleda Ripoll para que desestimaran los cargos.

¿Monopolio monocorde de la paz?

“Este proceso empieza con Alfonso Cano, que era un tipo más urbano, más radical en lo urbano y en lo militar.” María del Rosario, El Espectador, en “Sal y Pimienta”.
“El gran desafío del posconflicto será la guerra sucia.” Eduardo Montealegre, Fiscal general.

                                                                Estas infidencias y chismografías son el resultado del cotarro levantado en las dos últimas semanas, cuando la agenda de la paz con la Farc-ep, no logra superar el crítico umbral del segundo punto, que tiene que ver con un asunto definitorio, la participación política para el grupo insurgente una vez que firme la paz.

Y de otra parte, porque el presidente hacía cálculos optimistas que la agenda acordada, y en cuyo trámite perdió la vida Alfonso Cano, el sucesor de Manuel Marulanda, estuviese “despachada” express para noviembre de 2013, y él listo para cosechar las mieles del triunfo siendo reelecto como el colombiano que logra llevar por fin la negociación con las Farc-ep a feliz término.
Hoy, después de las intervenciones de Iván Márquez, y los mensajes de Timochenko, está claro para su contraparte, que para la firma de la paz asimétrica, en un tiempo de guerra glocal asimétrica, nada tiene que ver con la reelección de Santos para  2014.
Más bien pareciera que hay un cierto “deleite” de la comandancia de las Farc-ep en el hecho de recordarle al coheredero de la dinastía que inauguró el periodista Eduardo Santos,  que ellos no están interesados en apoyar su reelección, y que la paz tiene un tiempo cuando arranca la quinceava ronda en La Habana.

Constituyente o Referendo

“Sin duda, nuestro país necesita un discurso social, un discurso moderno, como el que expone el presidente, de reformas estructurales de la tenencia de la tierra.” Equipo negociador de las Farc-ep.

                                                          Entretanto, un correligionario liberal del presidente, Juan Fernando Cristo, presidente del senado, fustiga el papel aguafiestas de Álvaro Leyva, a quien se atribuye no sólo el carácter de auxiliador de las Farc-ep, de tiempo atrás, sino el ser animador de refrendar la paz por  vía de la Constituyente, y no del Referendo en que se empeña la vanguardia del bloque en el poder, y en la que está comprometida la mayoría del partido de la U.

Contra esta fórmula de la paz  del gobierno que impone refrendarla, cuyo vocero congresional es Roy Barreras, se levanta también la acción del partido de la guerra, bajo el cobijo del proyecto de Álvaro Uribe, el Centro democrático que esta semana empezó a recoger firmas para competir en las elecciones, con un 60 porciento de favorabilidad en las encuestas más recientes para la lista al senado que él encabezará. 

En la constituyente coinciden, casualmente, la guerrilla y su más fiero opositor, el expresidente Álvaro Uribe, ahora golpeado  con su familia incluida, por las denuncias del representante Iván Cepeda, quien le ha levantado el expediente de haberse apoderado de más de 1000 has de tierras feraces en Córdoba, disfrazándose de campesino fue apilando su paraíso de El Ubérrimo. Hay un dossier hecho público por la unidad legislativa de Cepeda que circula en diversos medios  y en el propio congreso, que exhibe respaldo documental oficial para los asertos de su denuncia.
El asunto de la paz y su actualidad, después del paro campesino, se salió del resorte de las dos representaciones de la guerra nacional. Las vocerías de la sociedad civil de los de abajo, porque la de los de arriba se encuentra sentada en la mesa de La Habana desde el comienzo, ha cambiado la perspectiva de elite con que arrancó.

Ahora en la escena de la negociación estarán presentes las víctimas de la guerra civil local y regional que lleva medio siglo. Igualmente a través de periodistas, formadores de opinión y congresistas la comunicación se hizo fluida, y por vía aérea más y más personas se entrevistas y comparten con la delegación política de los subalternos en armas.

A raíz del paro campesino, en el Catatumbo, y luego en el centro del país, y ahora en el sur, del Huila para abajo, que es la última oleada se ha puesto atención a las causas objetivas de la guerra, de la revuelta, y la protesta campesina de la cual han nacido y nutrido hasta hoy tanto las Farc como el Eln que está de turno en la lista de la paz.

Coyuntura glocal y paz asimétrica

“Un incumplimiento tiene el potencial de ser catastrófico: el mercado de crédito se congelaría, el precio del dólar se desplomaría, las tasas de interés se dispararían, sus efectos le darían la vuelta al mundo y podría desatarse una crisis financiera y una recesión similar a la que se vivió en el 2008 o peor.” Informe del  Tesoro de Estados Unidos.  El Tiempo, 6 de octubre de  2013, p. 17.
“Vayan y voten. Paren esa farsa.” Exhortación de Obama al Congreso, sábado 5 de octubre.

                                                               Vistas las cosas de este modo, aunque no se asuma del todo, lo que implican los últimos acontecimientos de Colombia, las causas objetivas y subjetivas se anudan a pesar de todos los cálculos del bloque dominante, y sus dos más caracterizadas alas políticas, el partido de la U, y la corriente de opinión con vistas de hacerse partido, el Centro democrático, metidas en la preparación electoral cuyo límite es noviembre de este año.

Es a partir de la confluencia de estas causas, que en los escenarios de diálogo y guerra conviene ahora introducir el término que da título a este ensayo como colofón de la presente reflexión: la paz asimétrica, esto es, la presencia de los subalternos con voz propia, la presencia de los sin parte, según decir de Jacques Rancière, y su reclamo por igualdad social plasmado en la Constitución de 1991, cuya punta de lanza son los campesinos, por una parte, y las víctimas de la guerra sucia, por la otra.

Esta paz es el frágil puente entre la ecuación que caracteriza a la reproducción glocal, global y local del capitalismo, cuya recesión no sana, en su centro de dispersión, los Estados Unidos. Esta recesión extendida en lo político afecta también, de manera diferente, a Alemania, corona económica y política de la Unión Europea, aliada principal de Estados Unidos en las políticas de ajuste que desmontan los logros subalternos en los tiempos del Estado de bienestar. Pese al triunfo, Angela Merkel no obtuvo la mayoría en el parlamento por lo que está forzada a pactar con la socialdemocracia o los verdes, y esta alianza tendrá su precio, interno y externo.

Pero, lo más significativo es el último episodio, lo que revela el enfrentamiento entre Barack Obama y los republicanos más conservadores, liderados por la fracción “Tea Party”, que ha bloqueado la aprobación del presupuesto en la cámara, donde son la mayoría; y esta presión, agenciada por el filibusterismo congresional, ha puesto en sus casas a 800.000 empleados federales por una semana.

La presa que piden a cambio es que el Obamacare, la única carta de mostrar por el desteñido gobierno de Barack, aplace su vigencia hasta el año 2014. El punto crucial de este lockout, este bloqueo de los patrones de la política estadounidense tiene una fecha límite, según se anuncia, el 17 de octubre próximo, para poder responder a las obligaciones financieras de una deuda nacional que se aproxima a los 17 billones de dólares, y que requiere modificar el techo de la deuda, porque el que fue pactado, 16,7 ya fue rebasado en mayo de este año.

Así que los Estados Unidos se acerca al borde la insolvencia interna y externa, y la amenaza está en convertirse por primera vez en su historia en deudor moroso, con todo lo que implica para el funcionamiento de la economía capitalista global, porque tendrá cesar en el pago de intereses de la deuda, algo impensable, cuando la recesión de 2008 es un fantasma que recorre el mundo industrializado y sus periferias.

En lo interno significará no pagar las obligaciones regulares de pensionados, empleados federales, contratistas, veteranos, en una lista potencial de indignados que hará palidecer las demostraciones de los indignados que se agolparon a las puertas de Wall Street.

¿Por quién doblan las campanas?

Tal es el clima global en que las conversaciones de paz de Colombia tienen curso. Estamos en el vórtice de los ejercicios conocidos de Pax Romana, expresados en la fórmula, “si quieres la paz, prepara la guerra”.  Y que tiene como teatro próximo internacional a Siria, y a Colombia como botón en el llamado hemisferio occidental.  Pareciera que un ensayo de paz asimétrica,  esto es, uno que posterga la democracia, se torna cada vez más inviable; y cuando aquí hablamos de democracia nos referimos a presencia decisiva de los subalternos en las causas comunes, esto es, entronización efectiva del modelo participativo en la toma de decisiones colectivas vinculantes sobre lo fundamental.

Esta encrucijada en la historia del siglo XXI, en la época del Imperio,  proyecta a Colombia en el escenario mundial. En ella como en Siria está la oportunidad para ir más allá de la ecuación tres veces milenaria, ensayada desde los tiempos de Roma imperial, y la cual fue síntoma de su decadencia.

Después lo fue de la Pax británica, y ahora de la Pax americana, pactada al final de la segunda guerra mundial, y que se tradujo en el reparto del mundo en tres bloques, capitalismo, socialismo y no alineados. 

Hoy bajo el mortal cobijo de la soberanía imperial, Colombia, los grupos y clases subalternas tienen la oportunidad de redefinir las coordenadas de la paz y la guerra, realizar el sueño de un campesino que se convirtió en guerrillero liberal, y luego en guerrillero comunista, Manuel Marulanda, quien se ensayó en la paz colombiana, sin levantarse de la mesa, hasta su muerte.  Su sentencia hace época y se junta con la de José Eusebio Caro, y va más allá. Caro decía, en medio de la guerra civil, “sin paz no hay nada”. Marulanda contestaba, que no queremos humanizar la guerra, sino acabarla.

Entonces, ¿por quién doblan las campanas?

22 de septiembre de 2013

RETHINKING MARXISM CONFERENCE,  19-22 SEPTEMBER  2013.
THE INTERNATIONAL GRAMSCI SOCIETY-SPONSORED PANELS

PAPER TITLE:  PASSIVE   REVOLUTION, DEMOCRACY, AND SUBALTERNS IN COLOMBIA.

HEGEMONY AND THOUGHT OF RUPTURE (PART I)

AUTHOR: MIGUEL  ANGEL HERRERA ZGAIB
ASSOCIATE  PROFESSOR, CIENCIA POLÍTICA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

“Marx often idealizes the working class, but here he makes it clear that they hold no monopoly on dignity or virtue. Some of the most impressive voices in Capital come from English factory inspectors, public health investigators, housing and sanitary commissioners - middle –class civil servants who are not highly competent, but “free from partisanship and respect for persons.” They don´t  have the power  to transform  capitalism -  only a revolutionary mass movement led by the working class could do that -  but  they are free to think and talk straight about it, to discover and declare the truth about what it does to people from day to day.” Marshall Berman (1999).The people in Capital, in: Adventures in Marxism, p. 84.

A short homage
                                                          Very recently we got the news about Marshall Berman death, an intellectual who joyously spent his precious life time to look into Marx, Modernism and Modernization, and many other issues he put together to originally think about the present and future of Humankind, in which destiny there is always a central role played by the working class and the workers as a whole.  Firstly of all, by saying that, I want to render homage to him, who I met when he was teaching at the Graduate Center, CUNY, in New York, twenty years ago.
Taking into account Antonio Gramsci legacy about whom Berman did not talk on details, there is a common subject that both shared with Marx, to study the reality of work under the grip of modern capitalism. This paper, Passive Revolution, Democracy and Subalterns in Colombia, is centered in the relationships between Subalterns, that is, classes and subaltern groups, and actual democracy, on one hand, and how are they able to confront and overcome the current passive revolution experience in Colombian capitalism, on the other.

Preliminary Remarks

La innovazione fondamentale introdotta dalla filosofia della praxis nella scienza della politica e della storia è la dimostrazione che non esiste una <> fissa e inmutabile (concetto che deriva certo dal pensiero religioso e dalla trascendenza) ma che la natura umana è l’ insieme dei rapporti social storicamente determinati, cioè un fatto storico accertabile, entro certi limiti, coi metodi  della filología e della critica.” Antonio Gramsci (1996), La scienza della política, Note sul Machiavelli, p. 10.

                                                        This paper is part of my doctoral research in progress. Gramsci legacy plays a significant intellectual influence and guidance on it. This doctoral work is one that has experienced too many life contingencies, accompanied by thoughtful doubts around the democratic process in Colombia during the past thirteen years. Nevertheless, my relation with Gramsci rich opus goes by to the 70s.
That was a time when I participated as a young militant of a leftist new organization, the Unión Revolucionaria Socialista, URS, which aspiration was to be a point of political encounter between very different Marxist groups, interested in create a party to lead a workers and peasants revolution in Colombia.

Then I became familiar with a couple of new names, Gramsci and Foucault among others. The URS disappeared after five years of debates, intense militancy and electoral defeats. Its end came with the imposition of the Estatuto de Seguridad, a dictatorial measure took by President Julio César Turbay with support advice and support of the US government.

The Statute was designed by Army commander, General Luis Carlos Camacho Leyva, a military and lawyer, to repress and prosecute leftist movements and parties, who were challenging the traditional political power of “El Frente Nacional” by all means. This was not a glorious juncture marked as it was by missing, exiled and tortured people in the military barracks of Usaquén (Bogotá).

After being out of Law School due to a students strike asking for free speech and free association, I retook Gramsci study focused on a new subject, the organic Intellectuals and how to build a hegemonic connection with unionized labor on behalf of working class people. In parallel we animated a cultural and intellectual reform within the Universities too.

We  organized El Círculo de Crítica Jurídica A. Gramsci  in la Universidad Libre. The idea was new in all respects, and crushed with other left initiatives. In practical terms brought us out of guerrilla war temptations, to question it as well as political 
representation.

We study Gramsci Notebooks, organized by themes,[1] and other publications in several subjects written before 1926, with special emphasis on education, politics and cultural issues. But the main theoretical concern was to disentangle what would mean Philosophy of Praxis, and how it affected the ordinary way to understand and practice Marxism in the conditions of Colombia and Latin America too.

In pursuing this project, we were confronted by other groups and lefitst circles. They identified Gramsci as a reformist, a thinker used by Euro-Communism to make pacts with the bourgeoisie, and ultimately renounce the cause of revolution. Salvador Allende close example was for them the reassurance, the symptom that Colombian revolution would need the force of the guns as the last argument. 

All that happened 40 years ago. In the middle of these discussions and internal debates, we decided to participate in local politics, the elections in 1984 and 1986, affected for the division within the Liberal party and the successful political debut of Luis Carlos Galán and Nuevo Liberalismo. We were part of the civic movements that during the 70s demanded local democracy and good public services in urban areas.

The urban, popular protest reached its political climax during the National Civic Strike led by the main four workers organizations, CSTC, CGT, UTC and CTC, with the active presence of civic movements, and parties and organizations from the left spectrum. The strike lasted two days, 14 y 15 September 1977.

The multitude confronted the treason of Alfonso López, president in 1974-1978, and founder of Movimiento Revolucionario Liberal, MRL. Earlier on he supported the Cuban Revolution, and established a political alliance with the communists and Frente Unido, (the United Front), led by the priest Camilo Torres Restrepo, chaplain de la Universidad Nacional.

López quickly erased his progressive past. Instead he became the unlucky star of Neo-liberalism in Colombia imposing the integral salary through a decree of economic emergence.

He suppressed “chucherías y abaloríos,” that is, the past workers conquests; abolished the subsidies, freed the prices, and opened the “sinister window” to get the money from the illegal economy. The subalterns and common people on strike named López program: “El mandato caro” instead of Mandato Claro that was his campaign slogan before his election.  

During these years, we became lawyers and founded a collective buffet, la Sociedad Juridica, offering advice services and practice Law. The experience lasted 6 years. After that period of debate and political and judicial practice, I went to Mexico to study a Master´s in Political Science in the UNAM. 

There I worked a research project based on Antonio Gramsci legacy, and made contacts with scholars working on the subject.  Particularly, a circle of social studies animated by Francisco Piñón, a political philosopher who then published Gramsci: Prolegómenos. Filosofía y Política among other books around Gramsci issues.[2]

Hegemony and Thought of Rupture.

“Tra I tanti significati di democrazia, quello piú realistico e concreto me pare si possa trarre in conessione col concetto di egemonia. Nel sistema egemonico, esiste democrazia tra il gruppo dirigente e I gruppi diretti, nella misura in cui lo svilupo favorisce il passagio molecolare dai gruppi diretti al gruppo dirigente.” Antonio Gramsci, Egemonia e democrazia, Note sull Machiavelli, pp: 201-202. 

                                                     A fundamental point was not treated by Bujarin: how is the birth of a historical movement over the infrastructure…At the end, this is the crucial point of all the problems around the Philosophy of Praxis, and "without a solution for it there is not any possibility to solve the other, that is, the relationship between society and “nature,” Antonio Gramsci. Structure and Historical Movement, in: El Materialismo Histórico y la Filosofía de B. Croce, p. 133. (Free translation).
  
                                                      The intellectual horizon, when I retook the research on Gramsci, was the category of hegemony to think about the praxis of the Subalterns in recent history of Colombia after the nation state was built as a consequence of a period of local, regional and national civil wars that came to an end in La Guerra de los mil días, and where the subalterns were masses of maneuver attached to the oligarchic elites leadership.

From it, I explored the real meaning and projection of a singular crisis, the organic crisis, - based on Gramsci Notebooks -, a conceptual tool that allows me to recreate modern politics as a science of praxis. I concentrated my analytical interest on Gramsci historical reflection around Il Risorgimento, Passato e presente, Gli Intellettuali e l´organizzatione della cultura to compare Italy building of nation state with Colombia history of XIX century and the first third of XX century.

Specifically, I focused my initial inquiry in the period named Regeneración, when Colombia passed from being a federation to a centralist, authoritarian constitutional republic. The radical elite was defeated in the battlefield for a bipartisan force, Conservatives and Moderate Liberals led by Rafael Núñez and Miguel Antonio Caro, the founders fathers of a national oligarchic order.

That order lasted almost hundredth years. But this order experienced a popular break in 1948. That event marked the starting point of a long duration organic crisis, one that has blocked for half a century the consolidation a non exclusionary democracy, a real democracy with the direct and active participation of classes and subaltern groups in Colombia. 

It is useful to remember in this regard that Gramsci was named the “theorist of the conjucture,”[3]that is, the analysis of situations which means to explore the interior contradictory, antagonistic dynamic  of the events within the limits posted by the structural data articulated with the efficacy of complex superstructures action.[4]

Here I captured and applied in my research a conceptual turn represented by Gramsci critical reading of Marxism, a break through a structural interpretation of Marx that antecedes it. His contribution becomes a sort of Futur Anterièur within the scope of Philosophy of Praxis.[5]
In my research project I worked on the notes grouped in two thematic volumes, Il materialism storico e la filosofia di Benedetto Croce, and Note sul Machiavelli sulla politica e sullo Stato moderno. The end result of this analysis and interpretation combined was to postulate that Gramsci recreated modern Political Science.

In Gramsci epistemological turn the central piece is hegemony, more precisely, crisis of hegemony, a dynamic conceptual framework in accordance with the Philosophy of Praxis, dictated by the defeat of the world revolution plan of the Third International, and instead the rise of fascism and Nazism en Italy and Germany, and the advent of Termidor period in the Soviet Union.

This conceptual turn incarnates a rigorous way of looking how does thought of rupture help in solving a problem, the failed democratic revolution in Colombia during the XX century. Despite of how the subaltern classes and groups have been fighting for their political autonomy in pursue of building a democratic society during the short XX century, and the current century. That means to understand tout court what is passive revolution and what is it reach in the era of proletarian revolutions and global capitalism.

This democratic postponement forced me to focus the doctoral research on Colombia to explain and interpret how this political and social struggle from below against oligarchic authoritarianism has been contested, and interrupted by the Colombian dominant bipartisan bloc through successive phases of passive revolution.

I called this episode a counter-reform, a democratic degeneration that has been functional to a late capitalist formation during a 50 yearlong duration period.[6] But this socio-historical delay aggravates the symptoms of a protracted organic crisis which now exploits in the peasants revolt, and its national strike against the government of President Juan Manuel Santos during the current year 2013.

The strategy of passive revolution extended to the current government of Juan Manuel Santos, who currently invokes la Prosperidad democratic, and launched the peace process with the subaltern guerrilla of Farc-Ep reveals a main political goal, to build hegemony and not only domination over the subaltern classes and groups. He wants  to pursue his political enterprise during this presidential period and the coming fourth year in case of getting reelected in 2014.



[1]We use the Juan Pablos thematic edition on Gramsci Notebooks published in Mexico. We did not get access to the new edition by Valentin Gerratana during the 70s. It was only during the late 80s when we got the first volumes published by Editorial Era in México. This edition was interrupted when there was the collapse of Soviet socialism.
[2] PIÑÓN GAYTAN, Francisco (1987).Gramsci: Prolegómenos. Centro de Estudios Sociales.  Ediciones Contraste. México, D.F.
[3] PORTANTIERO, Juan Carlos (1982).  Los usos de Gramsci. Editorial Folios. México,  p.180.
[4] Op. cit., p. 181.
[5] Futur Antèrieur is the name of a left publication that Negri and other intellectuals animated during his exile from Italy. It was the laboratory in which Empire was collectively conceived without having any explicit kind of dialogue with Gramsci legacy. Very recently,  Cesare Casarini, in Elogio de lo Común, talks with Negri in regard to his intellectual and political relationship with Gramsci.
[6] Colombia is part of a group of societies, Argentina, Chile , Uruguay, Brasil, and México that Albert Hirschman named of “late and last industrialization” to distinguish them from another group integrated by  Germany, Italy and Russia, grouped as societies of “late industrialization”. But according to Portantiero, Bolivia would be an off center case, in South America based on economic grounds. And I added due to the fact that Bolivia intended an agrarian revolution with the direct participation of its high organized proletariat in 1952. 

15 de septiembre de 2013


A short  homage. Marshall Berman and Antonio Gramsci. 
                                                          
Very recently we got the news about Marshall Berman death, an intellectual who joyously spent his precious life time to look into Marx, Modernism and Modernization, and many other issues he put together to originally think about the present and future of Humankind, in which destiny there is always a central role played by the working class and the workers as a whole.  Firstly of all, by saying that, I want to render a homage to him, who I met when he was teaching at the Graduate Center, CUNY, in New York, twenty years ago.


Taking into account Antonio Gramsci´s legacy about whom Berman did not talk on details, there is a common subject that both shared with Marx, to study the reality of work under the grip of modern capitalism. This paper, Passive Revolution, Democracy and Subalterns in Colombia, is centered in the relationships between Subalterns, that is, classes and subaltern groups, and actual democracy, on one hand, and how are they able to confront and overcome the current passive revolution experience in Colombian capitalism, on the other. (continue)

7 de septiembre de 2013

SESIÓN 5: TECNOLOGÍAS DE GOBIERNO Y  RESISTENCIAS POLÍTICAS
FECHA:   5 DE SEPTIEMBRE DE 2013. LUGAR: UNIVERSIDAD DEL ROSARIO

PONENCIA: BIOPOLÍTICA, BIOPODER Y BIOSOCIEDAD  EN LA REGIÓN ANDINO-AMAZÓNICA (I PARTE)

AUTOR: MIGUEL ANGEL HERRERA ZGAIB
Profesor Asociado, Ciencia Política, Universidad Nacional,  Colombia.
Catedrático Maestría Estudios Políticos, Universidad Javeriana,
Director Grupo Presidencialismo y Participación, Unijus/Colciencias.

El mundo de las heterotopías

“La individualización y la totalización son efectos inevitables. La liberación no puede venir más que del ataque, o a uno o a otro de estos efectos, sino a las raíces mismas de la racionalidad política.” Michel Foucault . Omnes et singulatimL Hacia una crítica de la razón política.[1]
“La transición hacia un lenguaje en que el sujeto está excluido…es hoy en día una experiencia que se anuncia en diferentes puntos de la cultura…El ser del lenguaje no aparece por sí mismo más que en la desaparición del sujeto.” M. Foucault. El pensamiento del afuera, pp: 15, 16.

                                                         A comienzos del año 2013, fui partícipe de un diálogo/conversación en la Universidad Distrital. Era una interlocución circunstancial a propósito del tópico de las heterotopías, la diversidad espacial simultánea. Intenté aproximar una lectura cruzada a propósito de Michel Foucault, Antonio Negri y Antonio Gramsci, tres autores que me atraen en lo que sus obras significan para la praxis política presente, así como lo que aportan en términos de pedagogía política.

Negri y Gramsci son, a su modo, continuadores de la lección de Maquiavelo en De Principatibus, un autor que no gozó de mucha simpatía de parte de Foucault, tal y como lo hizo constar en su discurso sobre La Gubernamentalidad. 

Sin embargo, aquella interlocución buscaba probar la viabilidad  y actualidad  de lo que Antonio Gramsci propuso metodológicamente: una traducción de los lenguajes científicos, cuando escribió en  las cárceles fascistas  pensando für ewig. Claro, el antecedente más prosaico de este esfuerzo era el texto canónico de Lenin, “Tres fuentes, y tres partes integrantes del marxismo”.

Esta traducción transdisciplinar no era solo, ni podía ser únicamente metodológica, sino también epistemológica, inscrita  en la vena del materialismo aleatorio, en seguimiento de la pista abierta por Louis Althusser, al borde de la lucidez y la locura. Al servicio de una indagación singular por el pensamiento de ruptura, que es ahora la referencia conceptual interpretativa para enmarcar la validez y significación de la biopolítica anunciada por Foucault en el primer volumen de la Historia de la Sexualidad.

Compartía en este esfuerzo  la búsqueda  del pensamiento de ruptura en Foucault, quien, según mi pesquisa,  lo extrajo de la literatura, según se deriva de su escrito Pensamiento del Afuera[2],  en diálogo con M. Blanchot.  La literatura es también verdadero conocimiento. Este tipo de pensamiento encuentra concreción en el volumen I, de Historia de la Sexualidad, La voluntad de saber. Han trascurrido algo más de 16 años en la indagación foucaultiana.

Esta investigación me facilitaba compartir, poner a prueba  mis intuiciones y dudas con respecto a la creación de pensamiento. Estas actividades han ocupado  parte del quehacer común de los últimos tres años del grupo de investigación Presidencialismo y participación que oriento en la Universidad Nacional de Colombia desde 1999.

 La indagación por el pensamiento de ruptura se relaciona con el programa de investigación Historia política y social de los Grupos y Clases Subalternas en la Región Andino-Amazónica, que impulsamos con los Seminarios Internacionales Gramsci. Estos  seminarios orientan la pesquisa y el intercambio sobre la Subalternidad y el pensamiento del afuera, la ruptura. Y cómo esta posibilita la autonomía de los subalternos, sacando provecho de  las luchas contra-hegemónicas que libran los muchos en Colombia, Suramérica y América Latina durante el último cuarto de siglo, y lo que en  particular descubren, y hacen público durante esta última década de resistencia activa contra el modelo neoliberal.

El seminario  de TJER sobre Michel Foucault

                                                       En la  Universidad Distrital yo intervine este mismo año relacionando Heterotopías y Pensamiento de Ruptura. Entonces tracé un recorrido sumario  de mis primeros  acercamientos al pensamiento y la obra de Michel Foucault, hasta alcanzar la segunda mitad de los años 70. El quehacer político juvenil en un proyecto ya fenecido, la Unión Revolucionaria Socialista, me puso en contacto informativo provisto de un cúmulo de interrogaciones para hurgar en la obra de Foucault y Gramsci.

Servían ambos, con las limitaciones de entonces a la discusión de “qué hacer” en torno a un
programa político y el proyecto pedagógico transformadores, para aquella organización en
construcción, la URS, que nacía como fruto de la concurrencia de diversas tradiciones y
propuestas de izquierda. Esta en materia de educación nos planteaba luchar por “una escuela
nacional, laica y única.”

En simultánea se insistía también en la necesidad de una reforma intelectual y moral para
Colombia. La intelectualidad de izquierda reunida en torno al proyecto “URS” hacía  una clara
 referencia al estudio de Antonio Gramsci de la situación italiano del Risorgimento, que en
Colombia se llamó Regeneración, y  los primeros treinta años del siglo XX,  cuando Italia y
Colombia  se inscribieron, de modo singular, en el orden capitalista internacional por vía de
una revolución pasiva.

Todos estos atisbos programáticos, práxicos e investigativos al mismo tiempo eran alimentados por un cúmulo de preguntas que provenía de la crítica de Carlos Marx al materialismo mecánico, pasivo de Feuerbach; aunque no estaban decantadas de modo suficiente, las preguntas para nada inhibieron los riesgos de la acción militante que chocó en forma inevitable con una universidad confesional que extiende sus pergaminos fundacionales al siglo XVI, cuando los dominicos obtuvieron autorización papal.

Tal era el caso del claustro de la Universidad Santo Tomás, cuando experimentó por segunda vez los efectos mediatos de las jornadas universitarias que alcanzaron su momento de mayor influjo y proyección política en el sector educativo durante los años 1971-72. Había expulsados y sujetos a vigilancia especial estudiantes y profesores que participaron del gran paro nacional estudiantil de 1971.

Allí cursaba el último año de la carrera de Derecho. Era el año de 1975. Salí expulsado como resultado inmediato  de la nueva lucha universitaria por democracia  requerida en los procesos de aprendizaje, discusión y organización estudiantil independiente. Quedó de pronto interrumpido mi proyecto educativo convencional, porque esta  reflexión, emparentada con el pensamiento del afuera, estaba comprometida con un quehacer político, con el ámbito privado público.

Desde esta lucha y sus resultados me sigo interrogando hasta hoy. Así quedó plasmado en un primer libro, en coautoría, Educación pública superior,  hegemonía cultura, y crisis de representación política en Colombia, 1842-1984. Desde aquel tiempo de ruptura con la enseñanza formal vengo explorando con interrupciones,  la contribución de los tres pensadores, que retomamos con la creación del Círculo de Crítica Jurídica Antonio Gramsci en la facultad de Derecho de la Universidad Libre, donde pude culminar mis estudios de derecho y ciencias sociales en 1978. Estos interrogantes se tradujeron en la escritura de una monografía titulada, Estado y Social Civil, génesis, diferencias y realización.

En verdad, aquella monografía contenía unos borradores que convertí en la base para la escritura de mi primer libro, La participación y representación política en Occidente (2000). Lo publiqué en un nuevo espacio académico, la facultad de ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana. Me desempeñaba como docente investigador en la maestría de Estudios Políticos, después que se interrumpieron cuatro años de grata y provechosa docencia en el departamento de ciencia política de la Universidad de los Andes. De allí salí por no renovación de mi contrato al final del año 1998, después de haber sido votado por los estudiantes como mejor docente en dos oportunidades.

Después vino mi vinculación como docente ocasional en la carrera de Ciencia Política en la Universidad Nacional, donde gané la convocatoria como profesor asistente.  Trabajo allí desde el año 1999, dándole un horizonte de pensamiento a lo que he experimentado a lo largo de estos años de vinculación con los procesos educativos del último cuarto de siglo en Colombia, con interrupciones, que me llevaron primero a la R.D.A, después a México y a los Estados Unidos, donde adelanté estudios superiores e investigativos complementarias.

A lo largo de estos años he vuelto a entrar en contacto con aspectos de la obra de Foucault. Ahora estamos focalizados en el grupo Presidencialismo y participación, que establecí en la Universidad Nacional (1999) como un semillero de investigación, en el estudio del análisis crítico del discurso, y el rastreo del pensamiento político de ruptura.

Es un ejercicio dispuesto a la creación e innovación para el disputado ámbito de los saberes sociales, poniendo a prueba una metodología propia que denominamos Investigación Acción Formativa, IAF.[3] En lo teórico, estudiamos e incorporamos una perspectiva crítica de la noción Biopolítica, mientras que en lo práctico sacamos provecho de esta, aplicándola a la relación entre Gobernanza y Biosociedad, teniendo como sujeto de indagación a la juventud bogotana, y después en la construcción categorial de lo que denominamos  Ingeniería política compleja,[4] para el estudio de las relaciones políticas en la ciudad de Bogotá




[1] FOUCAULT, Michel. Tecnologías del Yo, pp: 95-140
[2] FOUCAULT, Michel (1993). Pensamiento del Afuera. Pre-textos. Valencia
[3] Esta propuesta resulta de una interlocución con la IAP, Investigación Acción Participativa, de la cual Orlando Fals Borda fuera cultor y cocreador durante su fructífera carrera como sociólogo comprometido con  la causa popular, y la construcción de una ciencia propia, de diversas formas; y sin abandonar nunca su gusto por la literatura, y la  escritura que se pulsa en diversos momentos de una obra que va desde el desgarrador y revelador informe de La Violencia en Colombia hasta el otro extremo que signa su serie de La Doble Historia de la Costa, cuando la lucha campesina en el siglo XX, alcanzó una de sus más altas cotas.
[4] De estas dos pesquisas han resultado dos libros, Gobernanza y biosociedad. La Juventud en Bogotá

VII SEMINARIO INTERNACIONAL ANTONIO GRAMSCI

DEMOCRACIA, GUERRA Y NUEVA REPÚBLICA, 1512-2012.

GRUPO DE INVESTIGACIÓN PRESIDENCIALISMO Y PARTICIPACIÓN.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Carlos Bohrt; Sandro Mezzadra, Justo Soto, Francisco Hidalgo, Miguel Angel Herrera