30 de abril de 2016

DOROTHY PARKER Y ANTONIO GRAMSCI, UN DÚO 

EXCEPCIONAL.


“Ella fue generalmente sardónica, a menudo irascible, ocasionalmente brutal en su mirada de hombres y mujeres…Ella contó la verdad tal y como la percibía…” John Keats, You might as Well Live (1970).


MIGUEL ANGEL HERRERA ZGAIB

Director Proyecto Sociedad Global Gramsci/Gramsci Global Society
contacto@seminariogramsci.org.


En la reciente edición de New York Books Review, del 6 de abril, tuve oportunidad de recordar lecturas breves que había hecho acerca de Dorothy Parker, en el tiempo que viví en New York, ya hace algo más de 20 años.


Ella, una mujer a todas luces excepcional, a quien el comentarista que reseña su trabajos y biografías en el magazine, califica de brillante y conflictuada, coincidió en el tiempo con la vida de Antonio Gramsci, pero vivió muchos años más que el sardo, quien salió de la cárcel fascista, para morir de sus enfermedades y maltratos el 27 de abril de 1937.


Los comienzos de Dorothy y Antonio.

Ambos, en la década de los veinte escribieron crítica teatral, uno en Turín, y la otra en Broadway. Desde la pujante modernidad, poblada de obreros, automóviles y causas sociales y políticas a flor de piel. Dorothy, a los 22 años, debutó escribiendo para la revista Vogue en 1915; de allí saltó a hacer sus críticas teatrales para Vanity Fair, durante tres años, cosechó fama, y pronto, en 1920, los productores de Broadway, consiguieron que la botaran de la revista.

Parker estaba en sus veintes, y pasó a colaborar de modo regular en New Yorker, teniendo como editor a Harold Ross, a partir de 1925. Años después terminaría separándose, y en conflicto, comentando a manera de gossip, que él le había pedido que escribiera con cierta indulgencia a propósito del generalísimo Franco.

Antonio, en Turín, acompañado por Piero Gobetti, regularmente, asistía a las presentaciones teatrales, y consignaba sus crónicas breves, en los periódicos y revistas socialistas, en particular, lo hacía con regularidad en L´Ordine Nuovo, primero revista, y luego diario.

En particular, no pocas veces escribió estas reseñas para su columna Sotto La Mole, que él cuajaba en sus conversaciones de café con el intelectual y político liberal radical, quien terminó muriendo en París, luego de haber recibido agresiones, destrucción de su imprenta, y algunos incluso dicen que agentes fascistas lo envenenaron, cuando estaba exiliado en Francia.


Ellos se reunían con una joven artista famosa por sus caracterizaciones del teatro moderno, el propio Gobetti era el encargado de la crítica teatral de L´Ordine Nuovo. Al final de la función, se juntaban en cafetines cercanos al circuito de los teatros, en la vecindad de la Mole Antonelliana en el centro de Turín. Recordaba el triunfo del príncipe Cavour y su proyecto de la unidad italiana, forjado por la monarquía piamontesa.


Para Gramsci eran los tiempos de Pirandello y el teatro moderno, y de Grazia Delendda, en la literatura, quien ganó el premio Nobel de Literatura. Una autora sarda como él, a la que dedicó algunos comentarios críticos, cuando Antonio era universitario, y activista socialista con los trabajadores de la industria automotriz.


Nace una crítica de postín


Dorothy era demoledora en sus apreciaciones sobre las obras que veía; y poco se entusiasmaba con las puestas en escena de las obras de Shakespeare en la ciudad de New York. El registro de sus crónicas teatrales aparecieron publicadas con el título Broadway, 1918-1923.

Otros recuerdan también una nota que Dorothy escribiera, con acidez, sobre el famoso coreógrafo Michel Fokine, de la compañía de Sergio Diaghileff, que visitó New York. A raíz de su participación en Hollywood, como responsable de las danzas para la película Ben Hur, recordando que él había trabajado con camellos al inicio de su vida.

Dorothy fue una extraordinaria cuentista, y así quedó plasmado en la obra “Big Blonde” (1929) que le valió el afamado premio de cuento O: Henry Award, que ganaron otras celebridades, entre ellas Willian Faulkner, a quien ella descubrió lúcidamente como el más grande escritor de su tiempo; y tampoco ocultó su entusiasmo después por Ernest Hemingway, quien no le concedió ninguna relevancia literaria, como, en cambio sí lo hiciera John Dos Passos, quien también la acompañó en su temprano y sostenido activismo.


El giro político, una comparación

“Do I look to you like someone who could overthrow the government?”. Dorothy Parker, respondiendo a la visita de los agentes del FBI.

                                                             No se equivocan los biógrafos de Dorothy Parker, quienes señalan que su activismo político, y no se extinguió jamás, desde 1927, cuando viajó de New York a Boston, para protestar por la anunciada ejecución contra los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti.
Ella Incluso se infiltró en la prisión, donde se encontraban recluidos los anarquistas inocentes, para escribir al respecto de su drama; y marchó junto con John Dos Passos, en las protestas impotentes pero significativas de entonces, que pedían la liberación de los procesados. 

Éstas acciones tuvieron al gún eco en la Italia de los años veinte, donde el anarquismo conservaba alguna fortaleza militante; solamente que para entonces, Antonio Gramsci se enteró estando en la cárcel, mientras avanzaba contra él la causa adelantada por el fascismo con la connivencia de Benito Mussolini, que fuera correligionario socialista en tiempos de la primera guerra mundial.

El compromiso de Dorothy con las causas radicales, en lenguaje político norteamericano, y de izquierda, la llevaron a participar de las Brigadas internacionales; para apoyar la lucha de la República española. Estuvo con su compañero, y esposo en dos oportunidades, el escritor Alan Campbell, durante los bombardeos contra Madrid y Valencia. Fue también cofundadora en los Estados Unidos de la Liga Antinazi.

Nunca se probó que hubiera sido una militante del partido comunista de aquel entonces, influido primero, por Canon, y los trotskistas, del cual fuer parte el mismísimo John Reed, en los inicios del siglo XX, y después estuvo bajo la conducción del reformista Browder, que influyó también en la década de los treinta en el joven partido comunista colombiano.


Desafiando el Macartismo


Durante el macartismo estadounidense de posguerra, Dorothy fue visitada por el FBI, y resolvió con ironía, señalando que ella ni siquiera era capaz de aconductar su perro, como para que fuera a pensar que era capaz de conspirar con eficacia contra el Estado norteamericano. Es citado su comentario recordando tal episodio, que cito arriba en este apartado:

 “Les parezco alguien que podría derrocar al gobierno?”


Después de New York, ella vivió un tiempo en una finca en Pennsylvania en compañía de un matrimonio, desde donde escribía, sus crónicas y comentarios de libros, así como cuentos y poemas. A la vez que frecuentaba las tentaciones del alcohol,

Vivía los desengaños del amor, y después de un aborto legal y consentido, insistía infructuosamente, cuando menos, en dos oportunidades para tener un hijo. Luego regresó en los años 40 a Hollywood donde escribió algunos scripts, y entre otros, un diálogo para la película de Hitchcock, “Saboteur.”

Durante los años 30, ella escribió con regularidad para New Yorker, pero su izquierdismo la fue orillando, hasta que quedó como ensayista esporádica. Entonces pasó a colaborar para una revista de izquierda New Masses, en 1939, donde no se ahorró reproches y algunas denuncias con respecto a sus antiguas colaboraciones para con la famosa revista neoyorkina de corte liberal y culterano.

Después Parker se comprometió con el movimiento por los derechos civiles, al lado de Martin Luther King. Sus escritos, sus archivos los dejó a Martin Luther King, y a la organización negro NAACP, que contribuyó a crear y desarrollar Turgot Marshall, quien llegara a ser magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos

Con el correr de los años, Dorothy regresó a New York, y en aquellos recorridos finales fue experimentando con dolor y estoicismo. Fueron duras la desaparición de sus amigos más entrañables Ring Lardner, Benchley, Scott Fitzgerald, su hermana Helen, quien fue guardiana y soporte desde siempre. Solo quedaron luego como contertulios circunstanciales el crítico de izquierda Edmund Wilson, autor de Estación Finlandia, casado con Mary Macarthy; y a ratos, la socialita, Gloria Vanderbilt. Hasta que la cuentista rebelde y la crítica teatral implacable terminó recluida y sola en Volney Hotel, en Manhattan, donde encontró la muerte, aquejada, entre otras afecciones, por un severo alcoholismo, en 1967.

Para la posteridad

Además de Big Blonde, y su críticas teatrales y de libros, quedan, entre otras publicaciones suyas, Not so Deep as a Well (1926), Death and Taxes, con la brillante expectativa de que se convirtiera en una gran escritora, y produjera una gran novela.


En su lugar, la gran novela, con una altísima dosis de verdad fue su propia vida, concluida en el anonimato, y la huella de su acidez implacable contra la impostura, Para el descubrimiento de la otra cara del Americanismo con su carga de injusticia, discriminación racial, y menosprecio por las mujeres y las minorías, con quienes Dorothy estuvo siempre a su lado.

No es para nada gratuito, sino un honroso reconocimiento, que las cenizas de Dorothy reposen en un monumento recordatorio, en la sede principal de la NAACP, en Baltimore, después de 1967, hasta nuestros días. Antonio Gramsci, por su parte, otro luchador contra el fascismo, falleció 30 años antes, a los pocos meses de haber sido liberado.


A él lo hemos estado recordando, una vez más, este pasado 27 de abril, día de su muerte, quien nunca supo de Dorothy, una compañera de luchas políticas y de amor por la literatura y el teatro. Él nos dejó, igualmente, lo que parece ser un legado für ewig, como lo anunciaba al ser condenado, y ya instalado en la cárcel. Me refiero a los 33 cuadernos que escribió en prisión, de su puño y letra; y la más de 200 cartas; y a las crónicas periodísticas, escritas en libertad, en Turín.


Todo este acervo de publicaciones viene siendo, - después de dos ediciones clásicas, la temática y la que estuvo a cargo de Valentino Gerratana, aparecida en 1975,- publicado de manera ordenada y rigurosa, incluyendo por primera vez los tres Cuadernos de traducciones, hechas por Gramsci en la cárcel. 

Esperemos que esté todo listo para el año entrante, cuando se cumplan 80 años de su despedida; y cuando nosotros esperamos realizar el XII Seminario Internacional A. Gramsci, con una celebración especial, que invitamos a nuestros lectores y participantes contribuir a organizar desde ahora.


VII SEMINARIO INTERNACIONAL ANTONIO GRAMSCI

DEMOCRACIA, GUERRA Y NUEVA REPÚBLICA, 1512-2012.

GRUPO DE INVESTIGACIÓN PRESIDENCIALISMO Y PARTICIPACIÓN.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Carlos Bohrt; Sandro Mezzadra, Justo Soto, Francisco Hidalgo, Miguel Angel Herrera