20 de diciembre de 2011

ANTONIO GRAMSCI

EXPERIENCIAS DE CLASES Y GRUPOS SUBALTERNOS

Edgar Andrés Serna[1]

El concepto crisis en Gramsci está íntimamente relacionado con su particular visión de la conformación del Estado burgués. Para Gramsci "el estado es hegemónico, es el producto de determinadas relaciones sociales, el complejo de actividades con las cuales las clases dirigentes justifican y mantienen su dominio y logran obtener el consenso activo de sus gobernados. Las instituciones son el escenario de la lucha política de clases".

La movilización estudiantil y de profesores en Colombia el día 7 de septiembre de 2011, fue una clara expresión de los movimientos sociales en Colombia. Me refiero a lo que dice Gramsci acerca del Estado Hegemónico y movimientos sociales.

El hecho de salir a las calles a protestar por algo que para los manifestantes no es justo (en este caso la reforma a la ley de educación superior, la llamada LEY 30), es un sinónimo de de lo hegemónico en el Estado, como lo cité en el párrafo anterior.

“El estado hegemónico, es el producto de relaciones sociales, el complejo de actividades con las cuales las clases dirigentes justifican y mantienen su dominio y logran obtener el consenso activo de sus gobernados.” Las manifestaciones son una expresión de inconformismo con la forma de gobernar de quien esta a cargo del Estado. Estas manifestaciones contra el estado significan el poder que aun tiene el gobierno ante sus gobernados, de otra manera no habría ese tipo de manifestaciones.

La crisis es siempre crisis entre representantes y representados. A la vez nunca una crisis es una vuelta al pasado. En la marcha del 7 de Septiembre de 2011 en Colombia, fue una lucha, y una inconformidad con políticas y decisiones gubernamentales, que si bien aun no han sido radicadas en el congreso, el hecho de que este en mente y se este desarrollando políticas y leyes de este tipo, genera inconformidad en el pueblo. Las marchas y manifestaciones son crisis entre el pueblo y el gobierno generadas principalmente por incompetencia, o decisiones de los mandatarios el ejecutivo, que no son aprobadas por el pueblo.

La política, pues, ya no es una cuestión de élites, ahora se caracteriza por el surgimiento de nuevos sujetos colec­tivos, como lo son los grandes sindicatos y los partidos políticos, al igual que los movimientos sociales, es decir, estudiantiles, docentes, trabajadores, etc. Las frases populares de algunos movimientos sociales que dicen, “la política se hace en las calles”, da por entendido, que lo que sucede en las calles también es importante, también tiene mucha influencia en decisiones gubernamentales, en leyes que se debatirán a futuro en el congreso, etc.

El pueblo no se quedara atrás, seguirá luchando en las calles, hasta conseguir un equilibrio en las normas que rigen a los colombianos en diferentes ámbitos. Los movi­mientos sociales son inmanentemente políticos porque toman parte e influyen en esa relación global entre gobernantes y gobernados.

El carácter político de los movimientos sociales no deriva de sus objetivos o formas de organización, sino del hecho de que forman parte de lo que Gramsci denominaba como “irrupción organizada y consciente de las masas en la política”, es decir, en la organización de la producción y reproducción de la sociedad en su conjunto.

El surgimiento de un movimiento social influye en una determinada relación de las fuerzas sociales en pugna; y las acciones del movimiento, dirigidas a la obtención de sus objetivos, tienen consecuencias en cuanto propician la conservación o la transformación de dicha relación.

Los movimientos sociales forman parte de la esfera donde los sujetos sociales se constituyen como sujetos polí­ticos, esto es, donde los individuos se organizan y llegan a acuerdos para defender y fomentar sus propios intereses en forma de proyectos políticos y culturales. La marcha fue organizada por líderes estudiantiles, y profesorales, donde también se unieron diferentes sindicatos trabajadores, etc. Como lo dije anteriormente. La frase de los movimientos estudiantiles “la Política se hace en las calles”, es lo que termina definiendo lo que tal vez Gramsci quiso decir.

La importancia de los movimientos sociales en la política es inmensa, y la manifestación del 7 de Septiembre, fue una expresión de que la política es el Gobierno vs. Movimientos sociales.



[1] Estudiante de Teorías del Poder. Ciencia Política, Unal, Bogotá. Ier Semestre de 2011. Elaborado 15 de septiembre.

La construcción del Estado (II Parte)

Álvaro García Linera

La experiencia boliviana

Esta experiencia de hace 10 años, del 10 de abril del año 2000 no va a ser solamente paradigmática por su efecto: hacer retroceder una ley dictada, promulgada por Banzer Suárez, sino que también va a lograr algo que no habían podido lograr anteriormente otros sectores sociales en su protesta aislada: articular, ensamblar, campo y ciudad. Jóvenes asalariados con jóvenes campesinos, profesionales con obreros. Va a ser una experiencia, una especie de laboratorio de un bloque nacional popular con la capacidad de irradiar esa experiencia al resto de los países.

A la guerra del agua de abril del año 2000 le vendrá el bloqueo más largo en Bolivia, un mes de bloqueo de las carreteras. Aquí le llaman piquetes, ¿no? (aplausos) Durante un mes entero trabajadores del campo, inicialmente en las zonas altas del altiplano aymara, La Paz-Oruro, luego de las zonas de los valles quechuas; Chuquisaca-Cochabamba, y luego las zonas bajas van a paralizar, van a bloquear las principales carreteras de nuestro país en rechazo a una ley que buscaba privatizar nuevamente el recurso hídrico, el agua. Y el éxito de esta movilización va a ser tal que va a dar lugar a una emergencia de liderazgos campesinos indígenas. Van a ser tiempos en que el gabinete entero va a tener que ir a negociar con el presidente, con el dirigente que en ese momento era Evo Morales del Chapare, para acordar el rechazo a la ley. (aplausos).

Va a ser momento en que otro dirigente indígena, aymara, le va a decir al presidente de entonces, que él como indígena no lo reconoce como presidente, y que va a hablar de presidente indígena a presidente mestizo. Este va a ser Felipe Quispe, que va a volcar el orden simbólico de una sociedad rascista y colonial como la boliviana. Desde ese momento el orden simbólico, la capacidad de articulación de bloques sociales, y la legitimidad de la movilización van a comenzar a expandirse.

Bloqueo del año 2000. Al año siguiente, 2001, otra movilización. Formación de los cuarteles indígenas de Calachaca, donde por turnos comunidades y comunidades vendrán con viejos fusiles de la guerra del Chaco de hace 60 años a hacer guardia para impedir de que las FF.AA entren a un territorio que lo consideran ellos como liberado del control del Estado.

Dos años después, 2003, hubo otro levantamiento de pobladores de la ciudad de El Alto. El Alto queda en el altiplano boliviano a 3900m, la ciudad de La Paz a 3600m; son ciudades contiguas, que las separa simplemente el que una está en un hueco y la otra en la planicie. Los de arriba son en verdad socialmente los de abajo. Pero les tocará a ellos sublevarse otra vez por el tema del agua y del gas, en rechazo a la venta de gas a EEUU a través de una empresa a instalarse en el puerto de Chile. Los alteños se sublevarán, inmediatamente esta sublevación contará con el apoyo del movimiento campesino indígena de tierras altas, de tierras bajas. Sánchez de Losada buscará retomar la presencia y el monopolio territorial, que producirá asesinatos, más de 67 muertos, hombres mujeres y niños, en dos días, marcarán el inicio del fin de Sánchez de Losada, porque ante semejante barbarie, el resto de la población no campesina, no indígena, mestiza, urbana, profesional, de clase media, igualmente se sublevará, y esto llevará a la huida de Sánchez de Losada en el año 2003. (aplausos).

Si ustedes ven, durante casi veinte años había protestas, siempre hay protesta, pero eran protestas aisladas, puntuales, focalizadas, y deslegitimadas más allá del lugar de la movilización. Hay un corte en el año 2000. Lo local se articula en torno a una demanda general movilizadora: la defensa de los recursos públicos, de los recursos comunes, del sistema de necesidades vitales como el agua. En torno a esa demanda los liderazgos -ya no de clase media, ya no intelectuales ni académicos como venía sucediendo antes, ni siquiera obreros-, sino los liderazgos indígenas campesinos lograrán articular a indígenas, a trabajadores campesinos, a jóvenes estudiantes, a pobladores migrantes urbanos, luego a profesionales, luego a la clase media. Lo harán inicialmente a nivel local, Cochabamba. Seis meses después, en dos o tres localidades. Dos años después, en varios departamentos. A este proceso de creciente surgimiento de un bloque popular con capacidad de irradiar la suma de demandas, de articular otros sectores, de encontrar legitimidad en la movilización, es lo que denominamos, teóricamente hablando, el momento del develamiento de la crisis de Estado.

2000, 2003. Luego vendrá un segundo momento de la crisis de Estado que, siguiendo a Gramsci, hemos denominado el “empate catastrófico”. El empate catastrófico es cuando estas movilizaciones que pasan de lo local a lo regional, que logran expandirse a otras regiones, que tienen capacidad de irradiación y de articular distintas fuerzas sociales, se expanden a nivel nacional. Pero no solamente que se expanden a nivel nacional, si no que logran presencia y disputa territorial de la autoridad política en determinados territorios.

Cuando la demanda local, reivindicativa, que cohesiona a un bloque popular, comienza a disputar la autoridad política en la región, la autoridad política en la zona, la autoridad política en el departamento. Cuando comienza a suceder eso, estamos en el momento del empate catastrófico. Simultáneamente hay empate catastrófico cuando la fuerza de dominación del gobierno y del Estado inicia un repliegue fragmentado de su autoridad y del gobierno, y frente a eso hay empate catastrófico cuando la sociedad comienza a construir mecanismos alternativos de legitimidad, de deliberación, y de toma de decisiones. Un empate catastrófico es en parte lo que Lenin y Trotsky llamaban la “dualidad de poder “, pero es más que eso. Un empate catastrófico es cuando esa disputa de dos proyectos de poder, el dominante y el emergente, con fuerza de movilización, con expansión territorial, disputan territorialmente la dirección política de la sociedad por mucho tiempo, no solamente una semana, no solamente 15 días, no solamente dos meses, no solamente tres meses. Dualidad de poderes. Sino 1 año, 1 año y medio, 2 años, 2 años y medio. En ese momento, de una irresolución de la dualidad de poderes de una sociedad, es el empate catastrófico.

Es lo que pasó en Bolivia entre el año 2003 y 2005: por una parte había el parlamento electo por los ciudadanos años atrás, pero por otra parte había el régimen de asambleas barriales, el régimen de asambleas agrarias y comunitarias, donde se tomaban decisiones con un efecto político incluso por encima de la decisión del parlamento. Es un momento en que el monopolio de la coerción no puede ejercerse en la totalidad del territorio, porque hay zonas donde las fuerzas sociales comienzan a implementar un monopolio social de los procesos de coerción. Eso es lo que paso en Bolivia entre el año 2003 hasta el 2005.

Un tercer momento de la crisis de Estado es lo que denominamos el momento de la sustitución de las elites. Estabilidad política quebrada por focos que se irradian, que se expanden, de protesta, movilización, articulación social y autoridad. Empate catastrófico cuando esos focos regionalizados y expansivos logran presencia de control territorial con capacidad de deliberar y de tomar decisiones en paralelo a las decisiones gubernativas. Sustitución de elites es cuando el bloque dirigencial de estos sectores sociales articulados acceden al gobierno. Es lo que pasó en el año 2006 cuando el presidente Evo, en un bloque que unificó a los movimientos sociales, que preseleccionó comunitaria y asambleísticamente a los representantes para ir al congreso, logra la extraordinaria victoria del 54%. Extraordinaria no solamente porque no haya habido una victoria electoral de este estilo desde hace 50 años. Todos los gobiernos en Bolivia eran elegidos por el 23, 28% del electorado.

El presidente Evo logrará el 54%. Pero no solamente por eso, sino porque… (aplausos) sino además, -y esto es quizás el acto más decisivo en la historia política de nuestro país-, porque un indígena para quien la vida colectiva, la vida política y la vida económica de la sociedad había definido, pese a que son la mayoría, había definido que solamente podían llegar a ser campesinos, obreros, comerciantes y transportistas; por decisión propia se volvían gobernantes, legisladores y mandantes de un país. (aplausos). No había pasado esto desde los tiempos de Manco Inca, allá en 1540, cuando se repliega a Vilcabamba, zonas interandinas entre Bolivia y Perú, no había pasado algo así.


El filósofo y estudioso de la política, Justo Soto, profesor investigador de la Universidad Simón Bolívar, en San Cristóbal, nos comparte la conferencia que el vicepresidente de Bolivía, acerca del Estado, y en particular la experiencia boliviana actual enseña a ese respecto. N de la R.

RESONANCIAS DE ANTONIO GRAMSCI EN AMÉRICA LATINA



Alvaro García Linera,

En la Facultad de Derecho UBA. 09.04.10

Conferencia magistral: “La construcción del Estado”
(Parte I)


Muy buenas noches a todos ustedes, permítanme agradecer su presencia, su tiempo, su generosidad. En verdad me hallo profundamente emocionado por la presencia de cada uno de ustedes. Quiero saludar respetuosamente al profesor Sergio Caletti, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, quiero saludar a Hugo Trinchero, decano de la Facultad de Filosofía y Letras, que han tenido la amabilidad de invitarme, primero a la entrega de este honor para mí como profesor y como investigador, como luchador, del honoris causa. Y de que me han invitado para que pueda compartir con ustedes unas horas, unos minutos de diálogo en la Universidad.

Quiero saludar muy respetuosamente a las representantes de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo (aplausos). Madres, no solamente de los desaparecidos, sino de todos, de todos los que luchamos, de todos los que amamos la patria, de todos los torturados, de todos los perseguidos, de todos los comprometidos en esta América Latina. Por ustedes estamos aquí, de ustedes sacamos la energía para hacer lo que hacemos. Quiero saludar a los dirigentes, a los representantes de las distintas organizaciones sociales, a los embajadores presentes, congresistas, y en particular a mis compatriotas. Muy buenas noches queridos compatriotas.

Es el inicio de un ciclo de conferencias del posgrado de la Universidad, y como tal, por respeto a la Universidad y a las personas que han sido tan amables de invitarme, voy a moverme parcialmente en un lenguaje académico, por respeto y en un esfuerzo de brindar elementos académicos para nuestros profesores y estudiantes. Pero está claro que voy a hablar de lo más profundo que tiene el ser humano, de sus compromisos, de sus convicciones, de sus amores y sus pasiones sociales. Voy a hablar de mi pueblo, de Bolivia y de su revolución, voy a hablar de Evo Morales, del movimiento indígena. Voy hablar de lo que hoy estamos haciendo en la patria para transformar las condiciones de opresión.


He elegido para esta conversación trabajar el concepto de Estado, en sus características y en sus definiciones. Luego voy a pasar a definir el concepto de Estado en momentos de transformación revolucionara. Y voy a rematar luego en el horizonte de las transformaciones sociales, en el Estado, por encima del Estado y por fuera del Estado.

En la actualidad no cabe duda que en al ámbito de las ciencias sociales, en el ámbito del debate en los movimientos sociales, en las organizaciones sociales, en la juventud, en los barrios, en los sindicatos, en los gremios, en las comunidades hay un renovado interés por el debate por el estudio, por la discusión en torno al Estado, al poder.

Hay por lo general dos maneras de acercarse al debate en torno al Estado, en la sociedad contemporánea, latinoamericana y mundial: una lectura que propone que estaríamos asistiendo a los momentos casi de la extinción del Estado, casi a la irrelevancia del Estado.

Se trata de una lectura no anarquista… lindo sería que fuera una realidad del cumplimiento del deseo anarquista de la extinción del Estado. No, al contrario, es una lectura conservadora que plantea que en la actualidad la globalización, esta interdependencia planetaria de la economía, la cultura, los flujos financieros, la justicia y la política estuvieran volviendo irrelevante el sistema de Estados contemporáneo.

Esta corriente interpretativa, académica y mediática habla de que la globalización significaría un proceso gradual de extinción de la soberanía estatal debido a que cada vez menos los Estados tienen influencia en la toma de decisiones de los acontecimientos que se dan en ámbito territorial, continental y planetario; y emergería otro sujeto de los cambios conservadores que serían los mercados con su capacidad de autorregulación. Esta corriente también menciona que a nivel planetario estaría surgiendo un gendarme internacional y una justicia planetaria que debilitaría el papel del monopolio de la coerción, del monopolio territorial del la justicia que poseían anteriormente los Estados.

Permítanme diferir de esa lectura, porque si bien existe claramente un sistema superestatal de mercados financieros y un sistema judicial de derechos formales que trasciende las limitación territoriales del Estado, hoy en día lo fundamental es que los procesos de privatización que ha vivido nuestro continente, nuestros países, y los procesos de transnacionalización de los recursos públicos, que es en el fondo lo que caracteriza al neoliberalismo contemporáneo, lo han hecho no seres celestiales, no lo han hecho fuerzas transterritoriales, sino que quienes han llevado adelante estos procesos son precisamente los propios Estados.
Esta lectura extincionista del Estado , digámoslo así, olvida que los flujos financieros que se mueven en el planeta, no se distribuyen por igual entre las regiones y entre los Estados, que los flujos financieros no por casualidad benefician a determinados Estados en detrimento de otros Estados, benefician a determinadas regiones en detrimento de otras regiones. Y que esta supuesta gendarmería planetaria encargada de poner orden y justica en todo el mundo, no es nada más que el poder imperial de un Estado que se atribuye la tutoría sobre el resto de los Estados y sobre los pueblos del resto de los Estados.

Esta lectura extincionista por último olvida, como lo están mostrando los efectos de la crisis de la economía capitalista del año 2008 y 2009, que quien al final paga los platos rotos de la orgia neoliberal, de los flujos financieros y del descontrol de los mercados de valores, son los Estados y los recursos públicos de los Estados. En otras palabras, frente a esta utopía neoliberal de la extinción gradual del Estado, lo que van demostrando los hechos es que son los Estados los que al final se encargan de privatizar los recursos, de disciplinar la fuerza laboral al interior de cada Estado territorialmente constituido, de asumir con los recursos públicos del Estado los costos, los fracasos, o el enriquecimiento de unas pocas personas.

Frente a esta lectura falsa y equivocada de una globalización que llevaría a la extinción de los Estados, se le ha estado contraponiendo otra lectura que hablaría de una especie de petrificación también de los Estados, sería como su inverso opuesto. Esta otra lectura argumenta que los Estados no han perdido su importancia como cohesionadores territoriales. La discusión de la cultura, el sistema educativo, el régimen de leyes, el régimen de penalidades, cotidianas y fundamentales que arman el espíritu y el hábito cotidiano de las personas, siguen siendo las estructuras del Estado. A su favor también argumentan que el actual sistema mundo, en el fondo es un sistema interestatal, y que los sujetos del sistema mundo siguen siendo los propios Estados, pero ya en una dimensión de interdependencia a nivel mundial.

Sin embargo esta visión, digamos así defensora de la vigencia del Estado como sujeto político territorial, olvida que también hay ciertas decisiones y ciertas instituciones de carácter mundial por encima de los propios Estados: regímenes de derechos, ámbitos de decisión económica, y ámbitos de decisión militar. Incluso varios procesos de legitimación y construcción cultural, en otros países exceden a la propia dinámica de acción de los Estados.

Podemos ver entonces que ni es correcta la lectura extincionista de los Estados, ni es correcta la lectura petrificada de la vigencia de los Estados. Lo que está claro es que tenemos una dinámica, un movimiento y un proceso.

La globalización significa evidentemente un proceso de mutación, no extinción de los procesos de soberanía política. No estamos asistiendo a una extinción de la soberanía, sino a una mutación del significado de la soberanía del Estado.

Igualmente, lo que estamos viendo en los últimos 30 años es una complejización territorial de los mecanismos de cohesión social, y de legitimación social. Podemos hablar de una bidimensionalidad estatal y supra estatal de la regulación de la fuerza de trabajo, del control del excedente económico y del ejercicio de la legalidad. En otras palabras, hay y habrá Estado, con instituciones territoriales, pero también hay, y habrá instituciones de carácter supraterritorial que se sobreponen al Estado. Esto es más visible si tomamos en cuenta la propuesta que hace el profesor Wallerstein de este periodo de transición, de fases, entre una hegemonía planetaria, hacia una nueva hegemonía planetaria. En América Latina, en otros países, en Argentina, en Bolivia, esta tensión entre reconfiguración de la soberanía territorial del Estado y existencia y presencia de ámbitos de decisión supraestatales lo vemos a diario.

En los últimos 5 a 10 años hemos asistido a un regreso, a una retoma digámoslo así, de la centralidad del Estado como actor político-económico. Luego voy a ver los componentes internos del Estado, pero en principio es el Estado como sujeto territorial en el contexto planetario. Pero a la vez, -América Latina está viviendo dramáticamente eso- existen flujos económicos y políticos desterritorializados y globales, que definen muchas veces al margen de la propia soberanía del Estado, temas que tienen que ver con la gestión y la administración de los recursos del Estado.
Voy a dar un ejemplo para explicar esta complejidad de retoma de una centralidad del Estado, pero ya no como en los años 40 o 50, sino en el ámbito de construcción de otra serie de instituciones desterritorializadas.

El presupuesto del Estado es un ejemplo. Por una parte los procesos contemporáneos en América Latina de distribución de la riqueza, de potenciamiento de iniciativas de soberanía económica del país, de mejora del bienestar de las poblaciones, tiene que ver con un uso y disposición de recursos económicos que tiene el Estado, y esta es una competencia estrictamente estatal, territorialmente delimitada. Pero a la vez como las producciones de nuestros países cada vez están externalizándose, es decir, ampliándose más allá del mercado interno y se están dirigiendo a mercados internacionales, los ingresos que capta el Estado vía impuestos, vía ventas propias; cada vez depende menos de decisiones del Estado, que de los circuitos económicos de comercialización de esos productos.

De tal manera que si bien hoy los Estados están retomando en América Latina una mayor capacidad de definir políticas sociales, políticas de empleo, inversión en medios de comunicación, en medios de transporte, en infraestructura vial; a la vez está claro que esos recursos, la intensidad de esta distribución social, la intensidad de esta creación de infraestructura médica, educativa en favor de la población, depende más de la fluctuaciones de los commodities como llaman los economistas, de las mercancías que vendemos. Es distinto la soberanía de un Estado con el precio del petróleo a 185 dólares el barril, que a 60 o a 30 dólares el barril.

La capacidad de disponer el excedente económico para temas sociales, para temas de infraestructura, para inversión productiva, para educación, varía en función de esa variación de los precios, no solamente del petróleo; del gas, de los minerales, de los alimentos, de los productos que las sociedades producen contemporáneamente.

En este ejemplo entonces en el presupuesto está esta bidimensionalidad: por una parte hay soberanía y hay una retoma de la soberanía del Estado sobre estos recursos y sobre el uso del excedente económico, pero a la vez hay una dependencia de definiciones al margen del Estado, en cuanto a los volúmenes de esos excedentes a ser utilizados en beneficio de la población, porque estos dependen cada vez más de cómo se constituyen los precios a nivel internacional, a nivel internacional de esas mercancías.

Quiero entonces retomar el concepto de Estado. No porque en el Estado se concentra la política. Está claro que las experiencias sociales del continente, de Bolivia, de Argentina, del Ecuador, son experiencias que hablan de que la política excede al Estado, va más allá del Estado. Pero a la vez está claro que un nudo de condensación del flujo político de la sociedad pasa en el Estado, y que uno no lo puede dejar de lado al momento de materializar y objetivar una correlación de fuerzas sociales y políticas en torno al Estado.

¿Qué fue entonces de este sujeto que llamamos Estado? ¿A qué llamamos Estado? Es evidente que una parte del Estado es un gobierno, aunque no lo es todo. Parte del Estado es también el parlamento, el régimen legislativo cada vez mas devaluado en nuestra sociedad. Son también las Fuerzas Armadas, son los tribunales, las cárceles, es el sistema de enseñanza y la formación cultural oficial; son los presupuestos del Estado, es la gestión y uso de los recursos públicos. Estado es también no solo legislación sino también acatamiento de la legislación. Estado es narrativa de la historia, silencios y olvidos, símbolos, disciplinas, sentidos de pertenecía, sentidos de adhesión. Estado es también acciones de obediencia cotidiana, sanciones, disciplinas y expectativas.
Cuando definimos al Estado, estamos hablando de una serie de elementos diversos, tan objetivos y materiales como las FF.AA, como el sistema educativo; y tan etéreos pero de efecto igualmente material como las creencias, las obediencias, las sumisiones y los símbolos. El Estado en sentido estricto son pues entonces instituciones. No hay Estado sin instituciones.

Lo que Lenin denominaba “la máquina del Estado”. Es la dimensión material del Estado, el régimen y el sistema de instituciones: gobierno, parlamento, justicia, cultura, educación, comunicación; en su dimensión de instituciones, de normas, procedimientos y materialidad administrativa que le da vida a esa función gubernativa. Pero también entonces de ese conglomerado, de ese listado que hemos dicho que es el Estado, el Estado no es solamente institución, dimensión material del Estado, sino también son concepciones, enseñanzas, saberes, expectativas, conocimientos. Es decir, esta sería la dimensión ideal del Estado.

El Estado tiene una dimensión material, que describió muy bien Lenin, como el régimen de instituciones. Pero también el Estado es un régimen de creencias, es un régimen de percepciones, es decir, es la parte ideal de la materialidad del Estado; el Estado es también idealidad, idea, percepción, criterio, sentido común.

Pero detrás de esa materialidad y detrás de esa idealidad del Estado, el Estado es también relaciones y jerarquías entre personas sobre el uso, función y disposición de esos bienes; jerarquías en el uso, mando, conducción y usufructo de esas creencias. Las creencias no surgen de la nada, son fruto de correlaciones de fuerza, de luchas, de enfrentamientos. Las instituciones no surgen de la nada, son frutos de luchas, muchas veces de guerras, de sublevaciones, revoluciones, de movimientos, de exigencias y peticiones.

Tenemos entonces los tres componentes de todo Estado: todo Estado es una estructura material, institucional; todo Estado es una estructura ideal, de concepciones y percepciones; todo Estado es una correlación de fuerzas. Pero también un Estado es un monopolio. Voy a retomar este debate de monopolio y de democracia para estudiar Bolivia como gobierno de movimientos sociales. Un Estado es monopolio, monopolio de la fuerza, de la legislación, de la tributación, del uso de recursos públicos.

Podemos entonces cerrar esta definición del Estado en las cuatro dimensiones: todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio. El Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan cualquier Estado en la edad contemporánea.

En términos sintéticos podemos decir entonces que un Estado es un aparato social, territorial, de producción efectiva de tres monopolios: recursos, cohesión y legitimidad. Y en el que cada monopolio, de los recursos, de la coerción y de la legitimidad, es un resultado de tres relaciones sociales. Tenemos entonces, utilizando brevemente a los físicos, que el Estado es como una molécula, con tres átomos y dentro de cada átomo tres ladrillos que conforman el átomo. Similar. Un Estado es un monopolio exitoso de la coerción, lo estudió Marx, lo estudió Weber; un Estado es un monopolio exitoso de la legitimidad, de las ideas fuerzas que regulan la cohesión entre gobernantes y gobernados, lo estudió Bourdieu; y un Estado es un monopolio de la tributación y de los recurso públicos, lo estudió Norberto Elías y lo estudió Lenin.

Pero cada uno de estos monopolios exitosos y territorialmente asentados está a la vez compuesto de tres componentes: una correlación de fuerzas entre dos bloques con capacidad de definir y controlar, una institucionalidad, y unas ideas fuerzas que cohesionan.

Uno puede jugar teóricamente la combinación de tres monopolios, con tres componentes al interior de cada monopolio. El monopolio de la coerción tiene una dimensión material: fuerzas armadas, policía, cárceles, tribunales. Tiene una dimensión ideal: el acatamiento, la obediencia, y el cumplimiento de esos monopolios, que cotidianamente lo ejecutamos los ciudadanos y necesidad de reflexionarlos, dimensión ideal del monopolio. Pero a la vez este monopolio y su conducción, es fruto de la correlación de fuerzas, de luchas, de guerras pasadas, sublevaciones, levantamientos y golpes, que han dado lugar a la característica de este monopolio. Igualmente con la legitimidad, el monopolio de la legitimidad territorial, tiene una dimensión institucional, una dimensión ideal y una dimensión de correlación de fuerzas. Igual el monopolio de los tributos y de los recursos públicos.

Tenemos entonces un acercamiento más completo al Estado como relación social, como correlación de fuerzas y como relación de dominación. El concepto que nos daba Marx del Estado como una máquina de dominación entonces tiene sus tres componentes complejos: es materia, pero también es idea, es símbolo, es percepción, y es también lucha, lucha interna, correlación de fuerzas internas fluctuantes.

Entre los marxistas, kataristas, e indianistas, es muy importante este concepto que no es solamente teoría, porque permite ver como asumimos la relación frente al Estado. Si el Estado es solo máquina, entonces hay que tumbar la máquina, pero no basta tumbar la máquina del Estado para cambiar al Estado. Porque muchas veces el Estado es uno mismo, son las ideas, los prejuicios, las percepciones, las ilusiones, las sumisiones que uno lleva interiorizadas, que reproducen continuamente la relación del Estado en nuestras personas. E igualmente, esa maquinalidad y esa idealidad presente en nosotros, no es algo externo a la lucha, son frutos de lucha. Cada pueblo es la memoria sedimentada de luchas del Estado, en el Estado y para el Estado.

Y entonces la relación frente al Estado pasa evidentemente desde una perspectiva revolucionaria por su transformación y superación. Pero no simplemente como transformación y superación de algo externo a nosotros, de una maquinalidad externa a nosotros, sino de una maquinalidad relacional y de una idealidad relacional que está en nosotros y por fuera de nosotros. Por eso los clásicos cuando hablaban de la superación del Estado en un horizonte post-capitalista, no lo ubicaban como meramente un hecho de voluntad o de decreto, sino como un largo proceso de deconstrucción de la estatalidad en su dimensión ideal, material e institucional en la propia sociedad.

Con este concepto de Estado, en lo genérico, que articula distintas dimensiones, quiero entrar a los momentos de transición de un tipo de Estado a otro tipo de Estado. Por lo general los teóricos han trabajado, en Sociología, en Ciencias Políticas… trabajan al Estado en su dimensión de estabilidad, pero poco se han referido al Estado en su momento de transición. Cuando se pasa de una forma estatal, a otra forma estatal. Y yo quiero referirme a ello, porque es justamente lo que hemos vivido, lo que puede ayudar a entender en términos de la Sociología y de la Ciencia Política el proceso boliviano contemporáneo.

Un Estado – este régimen de creencias de instituciones y dominación-, funciona con estabilidad cuando cada uno de esos componentes, de esos ladrillos que hemos mencionado, mantiene su regularidad y continuidad. Hablamos del Estado en tiempos normales. Pero vamos a usar el concepto de “crisis estatal general” de Lenin, para estudiar cuando esos componentes de Estado no funcionan normalmente, cuando su regularidad se interrumpe, cuando algo falla, cuando algo en la institucionalidad, en la idealidad, en la correlación de fuerzas que da lugar al Estado, se quiebra, no funciona, se tranca. En esos momentos hablamos de una crisis de Estado. Y cuando esa crisis de Estado atraviesa la totalidad de esos nueve componentes que hemos mencionado anteriormente hablamos de una crisis estatal general.

¿Cuáles son los componentes de una crisis estatal general? ¿Cuándo podemos hablar de que estamos pasando, no meramente de un cambio de gobierno, de un cambio de administración de la maquinaria del Estado, sino de un cambio de las estructuras de poder y de dominación a otras estructuras de poder y dominación? ¿Cuándo hay una crisis estatal general? ¿Y cómo identificamos una crisis estatal general? A partir de 5 elementos. El primero: el momento de la develación de la crisis. La transición de un Estado a otro Estado tiene varias etapas, digámoslo así. La primera etapa es cuando se devela la crisis de Estado, cuando se manifiesta y se expresa la crisis de Estado. ¿Qué significa que se exprese una crisis de Estado?

En primer lugar, que la pasividad, la tolerancia del gobernado hacia el gobernante comienza a diluirse. En segundo lugar, que surge inicialmente de manera igual, puntual, pero con tendencia a crecer, a irradiarse, a encontrar otros escenarios de aceptación, un bloque social disidente, con capacidad de movilizarse socialmente y de expandirse territorialmente en su protesta. En tercer lugar, una crisis estructural del Estado en su primera fase de develamiento surge cuando la protesta, el rechazo y el malestar, comienza a adquirir ámbitos de legitimidad social. Cuando una marcha, una movilización, una demanda y un reclamo sale del aislamiento y de la apatía del resto de la población y comienza a captar la sintonía, el apoyo, la complacencia de cada vez sectores más amplios de la sociedad. Por último, la crisis se devela en su primera fase cuando surge un proyecto político no cooptable por el poder, no cooptable por los gobernantes, con capacidad de articulación política y de generar expectativas colectivas.

Esto es lo que sucedió en Bolivia desde el año 2000 hasta el año 2003. Como ustedes saben, en Bolivia en el año 1985 hubo una retoma del gobierno y luego del Estado, del poder, por parte de las fuerzas conservadoras. En el año 1982, se habían retirado los militares del gobierno, había surgido un gobierno democrático de izquierda que había fracasado en su capacidad de administrar y de articular un bloque sólido de poder.

Surge una propuesta conservadora, entre el MNR, con una política de liberalización del mercado, privatización de empresas públicas, desregulación de la fuerza laboral, despido de trabajadores, cierre de empresas públicas, dando lugar a 20 años de régimen neoliberal. Presidentes como Víctor Paz Estenssoro, Jaime Paz Zamora, Sánchez de Losada, Banzer, Quiroga, representaron todo este largo periodo oscuro de neoliberalismo en nuestro país. Y la propuesta de ellos no solamente eran 20 años, eran 40, 50, 60 años de estabilidad política neoliberal.

Pero algo sucedió en Bolivia en el año 2000. A partir del año 2000, protestas locales, los productores de hoja de coca, la confederación de campesinos de las tierras altas, básicamente en el mundo indígena aymara. Protestas barriales en las ciudades más pobres que habían estado existiendo de manera dispersa, sin repercusión y sin irradiación, a partir del año 2000 comienzan a irradiarse. Uno podría preguntarse por qué paso ello, por qué protestas puntuales casi irrelevantes frente a un sistema político neoliberal, estable, sólido, comenzaron a adquirir mayor eficacia. Porque el régimen neoliberal de Bolivia, después de privatizar los recursos públicos estatales, empresas de mineras, empresas petroleras, de telecomunicaciones, empresas públicas, en las regiones, el año 2000 comenzó a afectar los recursos públicos no estatales. 20 años privatizaron recursos públicos estatales, y a partir del año 2000 intentaron comenzar a privatizar recursos públicos no estatales.

¿Cuáles son los recursos públicos no estatales? El sistema de agua. El sistema de agua, en el mundo campesino indígena boliviano es un sistema muy complejo de gestión y administración colectiva y comunitaria de esos recursos escasos. De regulación, administración. Fue en ese paso cuando el neoliberalismo pasa de la privatización de lo público estatal a lo público comunitario, a lo público no estatal, en que se va a producir este quiebre.

En una semana más el presidente Evo va a estar en Cochabamba, este sábado 10 de abril. Vamos a conmemorar 10 años de la guerra del agua, 10 años en que el pueblo cochabambino, en una articulación de productores de hoja de coca, de campesinos regantes que administran el uso del agua comunitaria, y jóvenes de barrios y de universidades, van a formar localmente un frente de movilización social que va a derogar una ley que va a expulsar una empresa extranjera, y que va a recuperar al dominio público estatal, de esa porción del agua. (aplausos).

11 de diciembre de 2011


La Celac viene después de varios intentos de construir bloques regionales sólidos para jugar en las grandes ligas de la globalización capitalista, cuando la UE es sacudida por la crisis y la recesión, y termina con un acuerdo donde de nuevo se coloca por fuera el Reino Unido, como cuña de los Estados Unidos. Aquí, la Celac puso fuera a los grandes socios, los propios EUA y Canadá, pero, igualmente, se mantiene la OEA, donde ellos participan como principales de esta "firma" internacional.

En cualquier caso, el trabajo de Ángel Guerra, originado en México, y facilitando por la diligencia intelectual de Alpher Rojas, entusiasta animador del pensamiento liberal crítico, nos ayuda a enriquecer el debate y la construcción de un escenario alternativo, que bien podría honrar el desastre fronterizo de Angostura, en el que chocaron los intereses nacionales de Colombia y Ecuador, y el quehacer subversivo de las Farc-ep. Ahora, también el expresidente Álvaro Uribe Vélez hizo circular la especie que el anfitrión de CELAC, le había sugerido que lo apoyaría en forma encubierta como lo hizo con Granda, para capturar a Timochenko en territorio venezolano. N de la R.


La Celac y la desmesura del sueño bolivariano
Ángel Guerra Cabrera

La cumbre constitutiva de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac), celebrada en Caracas los días 2 y 3 de diciembre, es un hecho de incuestionable dimensión histórica. En este caso cabe utilizar el calificativo sin temor a exagerar. La reunión superó las expectativas más optimistas por el espíritu democrático con que fue preparada por los anfitriones venezolanos en permanente consulta con los demás gobiernos, por el ambiente de hermandad en que se desarrolló, por lo sustancioso de sus documentos fundacionales que transpiran espíritu y léxico emancipadores, independientes y latinoamericanistas.

A partir de ahora América Latina y el Caribe hablarán con voz propia en el concierto internacional multipolar, acelerado por la debacle del capitalismo neoliberal y las fracasadas guerras de agresión de Washington.

No obstante que en la Celac existan naciones con políticas neoliberales y otros que las cuestionan frontalmente, la cumbre marca la ruptura de la región con el monroísmo. Como lo prueba la experiencia previa, estas diferencias no deben impedir su funcionamiento. Sí conviene reiterar que el camino a seguir en adelante no estará exento de obstáculos endógenos y principalmente amenazas exógenas.

En todo caso, la magnitud de sus objetivos de integración económica, cultural y política con inclusión social, cuidado por la naturaleza y participación ciudadana es inherente a la magnífica desmesura del sueño bolivariano y martiano. Así lo corroboran la Declaración de Caracas, el Procedimiento para el Funcionamiento de la Celac, el Plan de Acción de Caracas y los otros 20 documentos adoptados.

Cuando Bolívar enunció este ideal, luego actualizado por Martí, unos no lo creyeron viable, aunque lo acogieran como noble y hermoso; a otros les fue indiferente; otros más –los imperios y las oligarquías– se erigieron en sus enemigos jurados e hicieron cuanto estuvo a su alcance por ahogarlo en la cuna cuando se transformó en propuesta política. Pero siempre, hasta en las circunstancias más adversas, hubo quienes lo defendieran y le fueran fieles, como puede apreciarse en el interesante mano a mano sobre historia latinoamericana protagonizado en vísperas de la cumbre por los presidentes Cristina Fernández y Hugo Chávez en la televisión venezolana(www.cubadebate.cu/noticias/2011/12/03/cristina-y-chavez-un-dialogo-excepcional).

Aunque el espacio no me permita mencionar nombres, la creación de la Celac obliga a recordar a los luchadores sociales, revolucionarios y estudiosos que mantuvieron el sueño vivo y lo enriquecieron a lo largo de los años, muchos de ellos vinculados a la Universidad Nacional Autónoma de México. Más si me pidieran mencionar sólo un nombre de alguien que en los siglos XX y XXI ha creído, predicado y actuado fecundamente a favor de la necesidad de unir a Latinoamérica y el Caribe, ese sería Fidel Castro.

Por citar un hecho poco conocido, el líder de la revolución cubana es el único personaje no perteneciente a la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom) que por decisión de todos sus líderes ha recibido la Orden Honoraria de la misma, homenaje al fervor y sacrificio que han acompañado a Fidel durante toda la vida de servicio dedicada a su país, a su región y al resto del mundo en desarrollo, reza el acuerdo.

Por supuesto, es imposible explicarse la Celac sin la labor del Grupo de Río, primer mecanismo de concertación política netamente latinoamericano, y las cumbres de América Latina y el Caribe para el Desarrollo, en Brasil y México. Forman parte de su acervo, como se proclama en los documentos fundacionales. Añado como indispensable evocar que en la etapa comprendida entre los años 90 y la actualidad ha sido Hugo Chávez el mayor impulsor y tejedor de las alianzas, de los grandes entendimientos y consensos, uno de los forjadores principales de las instituciones y los contenidos solidarios en las relaciones latinocaribeñas que hicieron posible la exitosa creación de la Celac. Entre ellos tiene gran valor la restauración de las relaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela gracias a una encomiable voluntad mutua.

Hace 17 años –cuatro antes de ser elegido presidente–, Hugo Chávez afirmó en la Universidad de la Habana: El siglo que viene, para nosotros, es el siglo de la esperanza; es nuestro siglo, es el siglo de la resurrección del sueño bolivariano, del sueño de Martí, del sueño latinoamericano. La historia le está dando la razón.

aguerra_123@yahoo.com.mx

9 de diciembre de 2011

LECTURAS DE POSFORDISMO Y CONTRA-HEGEMONÍA SUBALTERNA


El colega economista Luis Mejía revisa las páginas de New Yorker, y trae esta crónica de Lizzie Widdicombe, donde se combina el comportamiento entre pájaros y banqueros. En este caso, se trata de una visita de Henry Paulson, el anterior secretario del tesoro, a New York para reunirse con el alcalde banquero Mike Bloomberg. El resto de la historia, donde se hacen comparaciones con los ocupantes de Wall Street, conviene recorrerla cada quien. N de la R.

Ramble

Birds and Bankers

by December 12, 2011

The other day, with the now homeless Occupiers still flooding the streets downtown, railing about bailed-out bankers, Henry Paulson, the former Treasury Secretary, Goldman Sachs C.E.O., and bailout architect, was uptown, taking a nature walk in Central Park. It was a drizzly day, and Paulson showed up at the Boathouse wearing a baggy suit and carrying a London Fog rain jacket. In person, he seems less like the “Superman” villain Lex Luthor, whom his grandchildren thinks he resembles, or William Hurt, who played him in “Too Big to Fail,” and more like a park ranger, full of jerky energy.

“My wife’s jealous,” Paulson said, of his walk in the Park. (His wife, Wendy, is a naturalist who led bird walks there when the couple lived nearby.) Spotting a logbook where visitors record bird sightings, he flipped through until he came to a good entry. “See, this is someone who knew what they were doing,” he said and read off the species: “Everything from a house finch to a tufted titmouse and an Eastern towhee.”

Paulson now lives in Chicago, where he runs the Paulson Institute, which focusses on U.S.-China relations. He’d been in town that week “to see Mike Bloomberg” (board meeting for Bloomberg’s charity) and to discuss the Latin America Conservation Council, a gathering of business leaders (Caterpillar, PepsiCo) whom Paulson had wrangled, along with Mark Tercek, his former Goldman protégé and the head of the Nature Conservancy.

Tercek, a tall man with dark hair and a kindergarten teacher’s demeanor, arrived at the Boathouse, too, along with E. J. McAdams, a Conservancy employee, and the three of them headed off for the Ramble. As they walked, they spouted facts about Latin America’s watersheds and rain forests. Paulson: “The Amazon dumps enough fresh water in the ocean every hour to fill one Lake Superior.”

There weren’t many birds out, but the woods brought on ornithological flashbacks. Stopping near a small glade, Paulson recalled, “We were not far from here. There was a little ovenbird. A Cooper’s hawk came in right above. And the little bird froze for a while, froze and froze, and pretty soon—boom!” He was asked if there was a financial metaphor in this, and he joked, “I think of that bird as an innocent little banker. No, I don’t.”

Paulson is careful about making public pronouncements, given the lingering controversy over the bailout and the still vexing questions about Washington’s ties to Wall Street. While he expressed an understanding of anti-banker sentiment—“A lot of people are frustrated, and we’re going through a tough time economically, and we aren’t creating jobs like we should”—he added, “The easy quip is to say that Occupy Wall Street should be two hundred miles south.”

This being a nature walk, however, Paulson stuck to natural metaphors. Talking about financial-industry reforms, he brought up prairie restoration: “What you do is you cut out the alien species. You cut out the buckthorn, you burn. . . . You let the natural prairie grasses grow. We’ve got good regulation that we need, but there’s all kinds of stuff we don’t need.”

Europe’s economic travails made him think of species extinction. “Predators, they’re the best coal miners’ canary,” he said, on the steps of Belvedere Castle, with a whip-poor-will singing in the background. “When they’re gone, you’ve got a sick ecosystem.” In other words, “You can’t have the problems that they’re having in Europe or elsewhere without it affecting banks” the world over. The lesson, Tercek added, was “interconnectedness.”

The drizzle turned into raindrops, and McAdams opened an umbrella. Paulson said, “After I left Treasury, I think in some ways it was harder to sit there and be writing my book . . . listening to all the criticism.” He doesn’t meet many hecklers, but he did have one bad encounter, about a year ago: “I was in the airport, and this guy kept staring at me. And he said, ‘Are you Hank Paulson, the Treasury Secretary?’ And I said, ‘Yes.’ And he said, ‘Do you really hate it when people come up to you like this?’ And I said, ‘Oh, no, people usually thank me or say something nice.’ And he looked at me, very perplexed, and said, ‘Yeah, I guess people try to be polite, don’t they?’ ”

Near Bow Bridge, Paulson headed toward the western edge of the Park, where a car was waiting. “You know, I’m not looking for more friends at this point,” he said. “Everybody would rather be liked than not liked, but . . .” He trailed off. There was a stink in the air, and Paulson identified it: “Horse manure. I grew up on a farm—I know the smell of horse manure. It does smell better than pig manure.” He said goodbye to the conservationists and walked uphill to meet his driver. ♦


THE NEW YORKER

http://www.newyorker.com/talk/2011/12/12/111212ta_talk_widdicombe



VII SEMINARIO INTERNACIONAL ANTONIO GRAMSCI

DEMOCRACIA, GUERRA Y NUEVA REPÚBLICA, 1512-2012.

GRUPO DE INVESTIGACIÓN PRESIDENCIALISMO Y PARTICIPACIÓN.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Carlos Bohrt; Sandro Mezzadra, Justo Soto, Francisco Hidalgo, Miguel Angel Herrera